En diálogo exclusivo con Panorama Minero, el VP Operations & Country Manager de Finning Argentina analizó los desafíos y oportunidades que ofrece el sector minero hoy.
Por Panorama Minero
Entusiasta respecto de las oportunidades, comprometido con los desafíos y al frente de la empresa líder en venta y mantenimiento de equipos Caterpillar, Germán Wilson analiza el punto de inflexión que vive la minería argentina: el “salto discreto” que se aproxima, la necesidad de alinear capacidades, tecnología y talento, y por qué 2025 y 2026 son años clave de preparación.

¿Cómo ves el futuro de la minería argentina en los próximos años?
Es una situación expectante. El recurso está, y muchas condiciones han ido mejorando, desde los marcos regulatorios hasta el interés inversor. Creo que estamos en un momento que puede ser un punto de inflexión para la actividad, pero lo que viene no es una continuidad: es un salto discreto respecto de la escala actual, y eso exige prepararse en 360 grados.
¿Qué significa en la práctica ese “salto discreto”?
Que los proyectos que vienen son de otra envergadura. Van a requerir flotas que hoy no existen en Argentina, con otra tecnología y otra escala de mantenimiento. También van a demandar mucho más personal calificado. Si no usamos estos años para prepararnos, cuando llegue la demanda probablemente no vamos a estar listos.
Ustedes son una compañía con casi un siglo de historia. ¿Qué desafíos concretos les plantea este escenario?
Caterpillar tiene 100 años y nosotros, como distribuidor exclusivo, 90. Operamos en Chile, Canadá, Reino Unido y el Cono Sur. Eso nos da un espejo de cómo se ve “el final del libro”: qué capacidades se necesitan y cómo evoluciona una industria minera madura. El desafío es apalancar ese conocimiento y adaptarlo a la realidad local. Por eso decimos que 2025 y 2026 son años de preparación.
Nosotros ya estamos avanzando con un plan de inversión en las distintas locaciones que tenemos, robusteciendo nuestro equipo de capacitación, y también incorporando tecnología que se ocupa ya tradicionalmente en otros países, pero acá todavía es bastante incipiente.
Y en este proceso de preparación, ¿cuáles son los principales cuellos de botella que encuentran?
Primero, el personal calificado. Ya hoy hay escasez y, a medida que avancen los proyectos, será aún más grande. Y eso hay que trabajarlo con tiempo porque no es sencillo.
Un segundo ámbito de acción: las flotas que se necesitan para operar este tipo de proyectos, con tamaño distinto, con tecnología distinta, y que no existen hoy en Argentina. Entonces, no solamente es el operador o el diseño de la mina, sino también todas las capacidades de mantenimiento que tenemos que tener nosotros: desde el punto de vista de infraestructura, de los distintos equipos que son necesarios para mantener estas maquinarias y el conocimiento.
Un tercer punto es cómo nosotros vamos desarrollando nuestros proveedores. Nosotros somos un proveedor de primera línea de cara a la minera, pero a su vez, tenemos otros proveedores que son segunda y tercera capa, que también son relevantes. Y en ese sentido, estamos trabajando con un programa bien concreto y formal de acompañamiento a nuestros proveedores, desde el punto de vista de traspaso de estándares de seguridad, de protocolos de ejecución, de tecnologías y aseguramiento de calidad; porque al momento que la demanda suba, ellos tienen que poder acompañarnos. Entonces es toda una cadena de valor que se tiene que ir preparando.
Otra arista es la participación público-privada.
Con relación a este último punto, la articulación público-privada, ¿cómo la imaginan?
Nosotros estamos convencidos que la colaboración de los distintos estamentos que participan en la industria genera un círculo virtuoso. Por eso, recientemente hemos firmado un acuerdo con la provincia de San Juan para trabajar juntos en capacitación, y otro con el Banco de San Juan para facilitar el financiamiento de bienes de capital, de manera de poder facilitar el día de mañana, no solamente a las mineras, sino también a los contratistas y el resto de las empresas, el acceso a flotas con nueva tecnología, del tamaño adecuado y que performen con la eficiencia que se necesita.
¿Cómo están trabajando desde Finning para avanzar en la gestión de datos operativos y en la incorporación de flotas más eficientes y sostenibles en Argentina?
Hoy los equipos ya pueden transmitir una enorme cantidad de información. La pregunta es cómo generamos plataformas conjuntas para gestionar esos datos y transformarlos en impacto operativo: mejor disponibilidad, menos fallas, más eficiencia.
Por otro lado, el perfil de las flotas. Hoy en Argentina no hay camiones diésel-eléctricos, solo diésel. Los nuevos proyectos van a demandar camiones con menor impacto ambiental y preparados para evolucionar hacia otras tecnologías. En Finning estamos trabajando en soluciones como el DET (Dynamic Energy Transfer), con transferencia de energía directa mediante brazo, y también en autonomía: en Chile y Canadá ya operamos flotas autónomas, y todo ese conocimiento lo vamos a traer a Argentina. Son proyectos complejos que demandan un expertise que se va haciendo al andar.
Volviendo a los datos, ¿qué rol juegan la inteligencia artificial y el machine learning en esa evolución?
Un rol central. Toda la recopilación de datos pasa por análisis que muchas veces se basan en inteligencia artificial. A partir de ahí se generan recomendaciones que se integran en la estrategia de mantenimiento y operación. Contamos con un centro de monitoreo en Chile que integra información de flotas y trabaja con los equipos de contrato. No es un piloto: es algo que ya funciona de forma sistemática y que, cuando la minería argentina escale, podremos replicar. Una nueva oleada de proyectos significa una ola distinta de tecnología.
¿Ya ofrecen plataformas de gestión de datos en Argentina?
Sí, desde los equipos de construcción, que son equipos más pequeños, en adelante, ofrecemos distintas plataformas donde nuestros clientes tienen acceso, por ejemplo, a VisionLink, donde pueden monitorear la eficiencia, el consumo de combustible, pueden ver si hay señales de algún desgaste prematuro o alguna problemática que impacte su estrategia de mantenimiento. Eso existe hoy en construcción, sin problema.
Cuando uno va a las grandes flotas, lo que hace es profundizar ese ejercicio, y lo hace estableciendo distintos tipos de contratos que le permiten al cliente tener una mirada respecto de cómo quiere operar. Son plataformas que se van customizando a la medida de las necesidades del cliente y su estrategia de mantenimiento. Temas fundamentales como la disponibilidad de flotas son absolutamente críticos y eso se trabaja uno a uno, equipo a equipo.
¿Qué papel ocupa Finning, más allá del suministro de equipos y datos, en este proceso de salto tecnológico del sector?
El ADN de la compañía, por definición, es servicios. Nuestro negocio no es solo vender equipos, es mantener lo que vendemos. La opción que toman nuestros clientes no es solamente por Caterpillar como marca, sino también por la propuesta de valor que nosotros les damos alrededor del equipo: reconstrucción de componentes, soporte, disponibilidad, soluciones de mantenimiento adaptadas a su operación.
Todo lo que hacemos en reconstrucción, como nuestro Centro de Reconstrucción de Componentes en San Juan, forma parte de una lógica de economía circular: extendemos la vida útil de los activos, reducimos desperdicios y mejoramos la eficiencia de la flota. Eso impacta de manera directa en los costos de nuestros clientes y en el desempeño de toda la cadena de valor.
¿Cómo se conectan servicios y economía circular con la agenda de sostenibilidad?
Nuestros clientes globales tienen una agenda de sostenibilidad muy clara. Argentina hoy opera con estándares que son distintos de los que se van a exigir hacia adelante, y ahí hay una brecha que debemos cerrar. Nuestro rol es prepararnos para responder a esos requerimientos, desde la tecnología hasta la seguridad y el desempeño ambiental.
Desde una perspectiva más general, ¿cómo se articula este potencial en minería con otros sectores que atraviesan contextos similares como Energía y Oil & Gas?
Hay una polinización cruzada muy fuerte. Trabajamos en minería, energía, Oil & Gas y Construcción. Vaca Muerta, por ejemplo, crece a tasas muy altas y nos obliga a pensar capacidades nacionales de reparación, redes de sucursales y formación de técnicos.
Es una gran oportunidad. Y nosotros estamos convencidos de eso y es por eso por lo que el desarrollo en paralelo de estas distintas industrias nos permite cumplir un rol importante en la cadena de valor. Porque cuando nosotros hablamos de electromovilidad ya tenemos equipos de energía que están trabajando cruzados con los equipos de minería; y tenemos más de 15.000 equipos de construcción en el país y, en este sentido, los contratistas mineros son los que habilitan a las mineras para poder desarrollar todos sus proyectos.
Pasa con Caterpillar a nivel global, pasa con nosotros a nivel nacional.
Volviendo a los “cuellos de botella”, ¿qué lugar ocupa la inclusión de mujeres en oficios y carreras técnicas en la agenda de Finning?
Es una conversación permanente y muy clara. Si ya tenemos un cuello de botella en mano de obra, dejar al 50% de la población fuera del mapa de instrucción no tiene sentido. Los talentos son complementarios. En Finning, empezamos el programa “Semillero”, orientado inicialmente a Oil & Gas, en cada edición al menos el 50% de los participantes son mujeres, y muchas ya han quedado trabajando. Por otro lado, encontramos casos de técnicas que habían terminado su carrera y estaban atendiendo mesas o trabajando en locales de comida rápida. Y nosotros les preguntábamos, ¿qué pasó? ¿no te gustó la carrera? ¿cuál es la razón? En muchos casos la respuesta fue “no hemos tenido la oportunidad”.
Nosotros tenemos una mirada clara al respecto y estamos trabajando de manera proactiva. Lo abordamos en distintos niveles, incluso con chicos y chicas en edad escolar. En este sentido, colaboramos con una ONG que promueve vocaciones tempranas, y desde edades muy tempranas desarrollamos dos talleres. El primero está dirigido a jóvenes de entre doce y trece años, con el objetivo de que permanezcan en la escuela y se acerquen al mundo técnico de forma sencilla y didáctica. El segundo es un taller vocacional más avanzado, donde los invitamos a resolver problemas reales de la industria —ya sea en minería u otros sectores—.
En ambos casos, el foco en atraer talento femenino es central, activo y muy claro.

Revisando un poco el 2025, ¿qué balance dejó el año y cómo se proyecta el futuro?
Fue un año de preparación intensa. En San Juan, nuestro Centro de Reconstrucción de Componentes y capacitación creció en actividad y dotación, lo que nos permite proyectar un 2026–2027 superadores. Acompañamos a distintos clientes en etapas muy tempranas, desde el diseño de mina y el perfil de flota hasta la solución de energía. Ha sido un año de mucho trabajo “de hormiga” para habilitar el crecimiento futuro.
Considerando todo el potencial del sector, ¿cuál es, a tu juicio, el principal desafío para alcanzar ese nivel y estar verdaderamente a la altura?
Cuesta todo. Cuesta alinear las prioridades adecuadas de manera conjunta entre autoridades, clientes y proveedores; cuando las miradas no convergen, se pierde tiempo y se desperdician recursos. Sin embargo, hay oportunidades que son relevantes.
Cuesta imaginar en conjunto el salto que viene: todavía en Argentina no se termina de entender la magnitud del cambio. Si no trabajamos esa alineación, algunos eslabones de la cadena van a ser débiles y eso puede demorar o poner en riesgo proyectos que son estratégicos.
Si la cadena de valor fuera un equipo de fútbol, ¿dirías que falta un director técnico que ordene el juego?
Las cadenas de valor se van alineando por objetivos en común. Por cómo somos capaces de entender lo que significa acompañar las necesidades de nuestros clientes y hacerlo desde etapas muy tempranas, algo que creo es absolutamente crítico. Y, en ese sentido, creemos que generar un espacio de diálogo es indispensable.
Hace algunas semanas, en San Juan, hicimos un “Mining Day” donde reunimos a proveedores directos, proveedores de proveedores, empresas mineras y autoridades. Estamos convencidos de que abrir el juego, generar círculos virtuosos de traspaso de tecnología y conocimiento, es mucho más efectivo que buscar una coordinación vertical.
Para cerrar, ¿qué lugar ocupa Argentina en la estrategia de largo plazo de la compañía?
Un lugar central. Lo relevante de entender es que esta evolución de la actividad minera en Argentina es paso a paso, y que se van quemando etapas, que van dando una buena señal. Nosotros estamos comprometidos con ese desarrollo a futuro desde el punto de vista de inversión, desde el punto de vista de compromiso, desde el punto de vista de desarrollo humano, y por lo tanto nos sentimos participes de esa mirada larga.
Estamos en las principales industrias del futuro del país: minería, energía y construcción. Apostamos por Argentina y por el largo plazo, y por eso nuestras relaciones no son transaccionales; son vínculos de muchos años donde la confianza, la estabilidad y la planificación conjunta son claves. Si hacemos las cosas de manera correcta, el futuro de la Argentina es brillante, y queremos ser habilitadores de ese futuro.
























