La remineralización de suelos aparece como una de las oportunidades productivas aún no desarrolladas por la minería no metalífera en la Argentina. La aplicación de minerales naturales para recuperar suelos degradados podría generar un mercado de gran escala, con impacto directo en la competitividad agrícola y en la diversificación del sector minero.
Por Panorama Minero
El ingeniero Carlos González, ex docente e investigador de la Universidad Nacional de San Juan, sostuvo que los agrominerales representan un negocio pendiente tanto para la minería como para el agro. En un contexto de agricultura intensiva, el desgaste de nutrientes esenciales exige alternativas que permitan restaurar la estructura y fertilidad del suelo.
La remineralización consiste en la incorporación de enmiendas minerales naturales, como harinas de roca, yeso, sulfato de calcio, dolomitas o calizas, con el objetivo de reponer minerales esenciales. Según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, estas prácticas mejoran la estructura, el pH y la productividad de los cultivos con efectos sostenidos en el tiempo.
Antecedentes y discontinuidad
González recordó que en 2005 se impulsó el Programa Nacional de Enmienda y Remineralización de Suelos, que buscaba articular al INTA y al INTI para promover el uso agrícola de minerales. Si bien la iniciativa tuvo difusión inicial, no logró consolidarse como política sostenida y hoy el uso de estas prácticas continúa siendo marginal.
El potencial mercado se concentra principalmente en la zona núcleo, integrada por Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa. Allí, los agrominerales podrían utilizarse para corregir deficiencias estructurales, mejorar el rendimiento y optimizar procesos como la germinación y el desarrollo radicular.
Competencia con fertilizantes de síntesis
Uno de los principales desafíos es la competencia con fertilizantes industriales tradicionales como nitrógeno, fósforo y potasio, que cuentan con amplia disponibilidad y un mercado consolidado. Los agrominerales requieren mayor difusión técnica y construcción de confianza por parte del productor.
Desde el punto de vista económico, González destacó una diferencia relevante: mientras los fertilizantes de síntesis se comercializan en dólares y se aplican en kilos, los minerales naturales se utilizan en toneladas y se venden en pesos, lo que podría mejorar la ecuación de costos en determinados escenarios.
Escala minera y potencial productivo
Para la minería no metalífera, este segmento implica operaciones de gran volumen. Provincias como San Juan cuentan con capacidad para producir carbonatos de calidad, que podrían integrarse con otros insumos como apatita o sales de potasio.
Procesos industriales como molienda y peletización permitirían ofrecer productos listos para aplicación directa. Entre los minerales con mayor potencial se encuentran las calizas y dolomitas, cuya disolución lenta permite efectos que pueden extenderse durante varios años, a diferencia de fertilizantes de absorción rápida que requieren reposiciones frecuentes.
González señaló que la falta de un mercado consolidado desalienta inversiones, por lo que consideró necesaria una articulación entre Estado, agro y minería para generar demanda y posicionar a los agrominerales como alternativa técnica y económicamente viable.
La remineralización de suelos se presenta así como una oportunidad estratégica para diversificar la minería no metalífera argentina, integrando producción agrícola e industria mineral en una lógica de desarrollo de largo plazo.

























