En la misma semana en que el mercado vuelve a ponerle precio al “cobre de la transición” -con proyecciones de déficit ya en 2026 y señales de un descalce estructural hacia la próxima década- un proyecto greenfield en la cordillera de la Región de Valparaíso aparece como recordatorio geológico y político de una idea que en Mendoza resulta familiar: el cobre no mira fronteras, sigue cinturones.
Por Panorama Minero
Se trata de Los Andes Copper y su proyecto Vizcachitas, un pórfido de cobre–molibdeno (con plata como subproducto) emplazado en la provincia de San Felipe, comuna de Putaendo, a unos 150 km al norte de Santiago. Desde una mirada mendocina, el punto no es solo el tamaño del depósito: es su posición en la franja andina.
Al mirar el mapa, la huella del proyecto cae prácticamente en línea del corredor cuprífero que, del lado argentino, ordena nombres como PSJ, El Pachón y Los Azules, mientras que del lado chileno se encadena con operaciones y sistemas vecinos como Los Pelambres y la histórica El Soldado.
Un pórfido grande, de escala industrial
La foto técnica más citada del proyecto proviene de su estudio de prefactibilidad (PFS) y presentaciones corporativas: una operación a rajo abierto de 26 años, con una planta diseñada en 136.000 toneladas por día. En los primeros ocho años, la compañía proyecta una producción promedio del orden de 183.000 toneladas anuales de cobre, con un C1 reportado de US$0,93/lb (neto de subproductos) y un CAPEX inicial de US$2.400 millones.
En reservas, el PFS reporta 1.219,9 millones de toneladas probadas y probables a 0,36% Cu (0,40% CuEq), con molibdeno y plata acompañando el modelo. En recursos, la misma base corporativa ubica 1.541 Mt en M&I (0,383% Cu) más 1.823 Mt inferidos (0,342% Cu). Se trata de un cuerpo de escala mayor que busca demostrar continuidad y convertir volumen en un plan de desarrollo financiable.
En el diseño conceptual, la compañía pone sobre la mesa tres definiciones que hoy pesan en cualquier mesa de inversión: relaves filtrados con apilamiento en seco (dry stack), tecnología HPGR para conminución y una estrategia de abastecimiento hídrico que incluye un LOI por agua desalada, según material público de la empresa.
Permisos, sondajes y el ruido en superficie
Vizcachitas no camina en línea recta en lo social ni en lo regulatorio. En octubre de 2025, el Segundo Tribunal Ambiental rechazó seis reclamaciones y confirmó la aprobación ambiental del proyecto de sondajes de prefactibilidad “Las Tejas”, señalando que la evaluación se llevó adelante de manera adecuada y que se consideraron observaciones de la comunidad. Este programa contempla hasta 350 sondajes -diamantina y aire reverso- en un horizonte de 48 meses, distribuidos entre plataformas nuevas y existentes.
La discusión local, en paralelo, sigue anclada en los temas que se repiten en toda la cordillera: agua, huella territorial, biodiversidad y licencia social.
El giro político que llevó al proyecto a titulares
El último capítulo de contingencia llegó por una puerta menos habitual: la política. El 20 de enero de 2026, la propia compañía informó que su CEO, Santiago Montt, dejaría el cargo tras ser “designado” como ministro de Minería del presidente electo José Antonio Kast, con un interinato ya definido. Al día siguiente, el nombramiento se cayó en medio del ruido público por el anuncio anticipado y el gobierno entrante optó por otra fórmula ministerial.
Para la lectura desde Argentina, el episodio suma una capa adicional en un momento en que la conversación global se ordena por oferta restringida, mayores plazos de permisos y una demanda que sigue creciendo -electrificación, redes, data centers- con déficits que ya aparecen en las proyecciones del corto plazo.
Un corredor binacional que empieza a tomar forma
Mirado desde el lado argentino, Vizcachitas agrega una confirmación territorial de mayor alcance: la distribución de los proyectos en desarrollo empieza a dibujar con claridad un gran corredor cuprífero binacional, donde buena parte del futuro minero de la región parece concentrarse en el polígono que forman las regiones chilenas de Coquimbo y Valparaíso con San Juan y Mendoza.
Estos desarrollos refuerzan la idea de que este tramo de la cordillera será uno de los principales motores de la próxima generación de cobre sudamericano.
En un escenario de déficit proyectado y demanda estructural al alza, Vizcachitas funciona como espejo y referencia. Para Mendoza, la lectura va más allá del caso chileno: confirma que el cobre de la transición se ordena por cinturones, no por límites administrativos, y que el eje que une Valparaíso con San Juan y Mendoza empieza a consolidarse como uno de los territorios estratégicos del próximo ciclo cuprífero regional.

























