Kobrea Exploration puso en marcha el primer programa de perforación diamantina profunda en El Perdido, dentro de Malargüe Distrito Minero Occidental, y abrió así la etapa de testeo subsuperficial del distrito. El hito no pasa sólo por el inicio de los sondajes: la compañía ejecuta una perforación diseñada para leer la arquitectura interna del sistema pórfido Cu–Au–Mo y ubicar su núcleo mineralizante.
Por Panorama Minero
La Fase 1 suma tres pozos de 500 metros cada uno, con un total cercano a 1.500 metros. El primer barreno, DD26ELP001, arranca desde el pad central con inclinación de –55° hacia el este. Kobrea definió ese punto tras integrar cartografía geológica, mapeo de vetillas de cuarzo tipo stockwork, muestreo geoquímico de roca y análisis espectral ASTER. Ese cruce de capas técnicas delimitó un target donde convergen pórfido temprano, alteración potásica, una brecha hidrotermal central y anomalías de cobre en superficie.
En esta etapa inicial, Kobrea no persigue aún toneladas ni recursos. La compañía estructura la campaña como perforación de vectorización: busca entender el sistema, definir su geometría tridimensional y ubicar el sweet spot, el sector del pórfido donde suelen concentrarse las mejores leyes y espesores. Con esa información ajustará la ubicación de futuros sondajes y recién entonces escalará la exploración.
Atacar el motor térmico del pórfido
Los mapas técnicos muestran una zonación clásica. Un núcleo potásico domina el centro del prospecto, rodeado por un halo fílico externo. La brecha hidrotermal se emplaza de forma vertical cerca del corazón del sistema y actúa como conducto de fluidos mineralizantes. En superficie, el muestreo de roca registra valores de cobre que alcanzan 761 ppm alrededor del pad inicial, coherentes con una cobertura lixiviada sobre mineralización primaria en profundidad. A escala regional, los datos ASTER delinean una envolvente sericita–arcilla de cientos de metros, señal de un sistema hidrotermal de gran tamaño.
El diseño del pozo prioriza lectura geológica por sobre metros. La inclinación de –55° permite cortar múltiples familias de vetillas y maximizar intersecciones reales del stockwork, una decisión clave para reconstruir geometría, continuidad y controles estructurales del pórfido. Kobrea espera que los tres primeros barrenos atraviesen la capa lixiviada, ingresen en pórfidos de diorita cuarzosa tempranos y crucen la brecha hidrotermal, para luego vectorizar los siguientes pads hacia zonas de mayor temperatura y mayor intensidad de vetillas.
Este enfoque cobra peso en Mendoza. En sistemas pórfidos andinos, la zona oxidada suele extenderse desde decenas de metros hasta del orden de 200–300 metros antes de dar paso a sulfuros primarios. Como la legislación provincial no habilita el procesamiento de mineral oxidado, cualquier evaluación con proyección de desarrollo exige interceptar directamente la mineralización primaria. Con pozos de 500 metros, Kobrea asegura el cruce completo de la cobertura lixiviada y la lectura del corazón del sistema.
El Perdido como referencia para todo el distrito
El impacto de estos primeros sondajes excede a El Perdido. Si los barrenos confirman sulfuros primarios robustos bajo la cobertura oxidada, el resultado calibrará el modelo geológico del distrito completo.
El Perdido funciona como referencia para los objetivos aledaños: validar aquí un pórfido activo en profundidad reordena la lectura de anomalías regionales con firmas estructurales, alteracionales y geoquímicas similares dentro de Malargüe Distrito Minero Occidental.
Con el primer pozo ya en marcha, se inaugura la etapa más técnica del distrito, pasando de la geología de superficie a la lectura directa del sistema en profundidad para entender su forma.

























