Riego, infraestructura y eficiencia: la discusión pendiente sobre el agua en Mendoza

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Riego, infraestructura y eficiencia: la discusión pendiente sobre el agua en Mendoza
Riego, infraestructura y eficiencia: la discusión pendiente sobre el agua en Mendoza
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Los datos del sistema hídrico provincial evidencian que el uso agrícola concentra la mayor demanda y que el déficit está en la gestión y la infraestructura. Por ejemplo, un porcentaje mínimo de la red de canales está revestido.

Por Panorama Minero

Cada vez que el desarrollo minero vuelve a escena en Mendoza, el agua se instala como el eje central del debate público. En ese contexto, distintos sectores insisten en asociar la actividad minera con un riesgo directo para el recurso hídrico. Sin embargo, los datos técnicos disponibles, de origen institucional y presentados en ámbitos especializados, describen un escenario muy distinto: la mayor parte del agua de la provincia se utiliza desde hace décadas en la agricultura, bajo sistemas de riego que arrastran déficits estructurales de infraestructura y gestión, completamente independientes del avance minero.

Esa radiografía fue presentada por Walter José Barchiesi durante la exposición “Obras hídricas para aumentar la eficiencia”, realizada en el marco del V Congreso Internacional Agua para el Futuro, un encuentro técnico organizado por el Departamento General de Irrigación.

Mendoza es una provincia árida que construyó su matriz productiva a partir del riego artificial. Para sostener este esquema cuenta con una red hídrica cercana a los 15.000 kilómetros de canales, desarrollada a lo largo de más de un siglo. El dato crítico es que solo el 14% de esa red está revestida, mientras que el resto corresponde a canales de tierra, con pérdidas significativas por infiltración y evaporación antes de que el agua llegue a la finca.

Esta condición estructural explica buena parte de las ineficiencias históricas del sistema. Incluso en escenarios de buen manejo a nivel predial, una fracción relevante del agua se pierde aguas arriba, en la etapa de conducción, lo que deja en evidencia que el problema central no está únicamente en el uso final del recurso, sino en la infraestructura que lo transporta.

Sistemas de riego: predominio gravitacional y límites al cambio tecnológico

Según datos del Censo Nacional Agropecuario 2018, el 68% del riego en Mendoza es gravitacional, el 24% corresponde a riego localizado, apenas un 2% a aspersión, mientras que el resto se distribuye entre otros sistemas o superficies sin discriminar. Este esquema responde a condiciones topográficas, económicas y energéticas que siguen condicionando la capacidad de transformación del sistema.

El análisis técnico advierte que el cambio de sistema está limitado por altos costos directos e indirectos. En muchos casos, pasar a riego presurizado implica inversiones elevadas por hectárea, mayores costos energéticos y mayores exigencias de mantenimiento, factores que explican por qué el riego gravitacional continúa siendo dominante, incluso en contextos de escasez hídrica.

Gestión del riego: el mayor margen de ahorro está en el manejo

Uno de los aportes más relevantes de la exposición fue la cuantificación del impacto del manejo del riego, aun sin modificar el sistema utilizado. En riego superficial, los principales factores de ahorro identificados fueron la disminución del tiempo de riego, que explica el 31% del ahorro, la corrección de niveles mediante nivelación, con un 18%, y las mejoras de infraestructura, con un 11%, a lo que se suman ajustes de caudal unitario y labores culturales.

Estos cambios permiten reducciones de consumo de agua de entre el 30% y el 70%, según cultivo y situación inicial, sin afectar el rendimiento productivo, un dato clave en una provincia donde la discusión suele centrarse en la cantidad de agua utilizada y no en cómo se la gestiona.

Los datos incluyeron ejemplos concretos de fincas con riego superficial optimizado. En esos casos, las comparaciones entre riego actual y riego optimizado mostraron reducciones de consumo de hasta el 70%, acompañadas por ahorros económicos significativos. En términos absolutos, los ahorros oscilaron entre $21.000 por hectárea y por año en fincas ya relativamente eficientes y más de $1,8 millones por hectárea y por año en situaciones críticas, dejando en evidencia que la ineficiencia hídrica es también una ineficiencia económica.

Estos números aportan un dato relevante para cualquier actividad intensiva en recursos, incluida la minería: mejorar la eficiencia no solo preserva el agua, también reduce costos estructurales.

Huella hídrica: el agua no desaparece

Otro eje abordado fue la huella hídrica de los alimentos. Según datos de la FAO, el 70% del agua utilizada a nivel mundial está asociada a la producción de alimentos. En ese contexto, se presentó un ejemplo ilustrativo: para producir 30.000 kilos de papa se utilizan 6,5 millones de litros de agua de riego, de los cuales solo 25.000 litros quedan incorporados en el producto final, mientras que el resto, a través de evapotranspiración, vuelve al ciclo hidrológico.

Esto no elimina la necesidad de eficiencia, pero aporta una precisión técnica clave: el agua agrícola no se consume de manera irreversible, sino que cumple una función productiva dentro del sistema, algo que suele quedar fuera del debate público.

En este marco, los datos permiten dimensionar el debate sobre minería y agua. La minería no es el principal uso del recurso hídrico en Mendoza, ni siquiera en términos relativos frente a la agricultura. El verdadero cuello de botella está en la infraestructura de riego, el bajo porcentaje de canales revestidos, la falta de inversión sostenida en eficiencia hídrica y los déficits de medición y control.

La discusión técnica muestra que el desafío hídrico de Mendoza es sistémico, previo y ajeno al desarrollo minero. Abordarlo requiere planificación, inversión y gestión basada en datos, no simplificaciones ni consignas.

Una conclusión incómoda pero necesaria

Los datos presentados en el Congreso Agua para el Futuro son claros: Mendoza utiliza la mayor parte de su agua sin desarrollo minero, y aun así enfrenta problemas estructurales de eficiencia. En ese contexto, trasladar toda la preocupación hídrica a la minería no solo resulta técnicamente incorrecto, sino que desvía la atención del verdadero problema: la infraestructura y la gestión del agua.

Para una provincia que busca diversificar su matriz productiva, la discusión de fondo no es quién usa el agua, sino cómo se la gestiona y cuánta se pierde antes de llegar al uso productivo.

Publicado por: Panorama Minero

Categoría: Noticias

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