Argentina volvió a posicionar algunos de sus grandes proyectos de cobre dentro de los planes de inversión de compañías internacionales. Para Glencore, sin embargo, contar con recursos de escala mundial es apenas una parte de la ecuación: el desafío es sostener durante décadas las condiciones necesarias para desarrollarlos y operarlos competitivamente.
Por Panorama Minero
Este planteo fue realizado por Martín Pérez de Solay, CEO de Glencore Argentina, durante el US-Argentina Forum on Critical Minerals, realizado el 3 de septiembre en Buenos Aires. El encuentro fue organizado por AmCham Argentina junto con el US-Argentina Business Council de la U.S. Chamber of Commerce, Citi, con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos, y reunió a empresas, autoridades, gobernadores e instituciones financieras.
Durante su participación, Pérez de Solay puso el foco en el cambio que introdujo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para proyectos que deben competir por capital dentro de las carteras globales de las grandes mineras.
Según explicó, Argentina partía de una posición desfavorable respecto de jurisdicciones mineras consolidadas como Chile y Perú. A la carga tributaria se sumaban la inestabilidad macroeconómica, las dificultades para disponer y repatriar dividendos y la complejidad del marco aplicable a las inversiones mineras.
El RIGI permitió reducir parte de esa brecha y mejorar las condiciones bajo las cuales los desarrolladores evalúan proyectos argentinos.
Para Pérez de Solay, sin embargo, la discusión no termina allí. Los grandes proyectos de cobre pueden atravesar varios años de estudios y reducción de riesgos antes de una decisión de inversión, para luego operar durante 30, 40 o incluso 50 años. Esa escala temporal convierte a la previsibilidad en una condición que necesariamente “debe trascender un ciclo político”.
US$13.500 millones entre MARA y El Pachón
Glencore tiene actualmente dos de los mayores desarrollos de cobre de Argentina: MARA (Agua Rica-Alumbrera), en Catamarca, y El Pachón, en San Juan.
En agosto de 2025, la compañía presentó ambos proyectos para su adhesión al RIGI, contemplando inversiones de capital por US$4.000 millones para Agua Rica y US$9.500 millones para la primera fase de El Pachón durante la próxima década.
En conjunto, representan US$13.500 millones de inversión potencial y constituyen una parte central de la estrategia de crecimiento de Glencore en cobre.
En Catamarca, el desarrollo de MARA está estrechamente vinculado con Alumbrera. El depósito Agua Rica se encuentra aproximadamente 35 kilómetros al este de la infraestructura existente de Alumbrera, cuyas instalaciones de procesamiento serán aprovechadas como parte del futuro desarrollo.
En San Juan, El Pachón presenta una escala diferente. La actualización de recursos publicada por Glencore llevó el inventario del proyecto a alrededor de 6.000 millones de toneladas de recursos minerales, con cobre, molibdeno y plata.

Alumbrera como primer paso
La estrategia de Glencore en Argentina no comienza directamente con la construcción de MARA o El Pachón.
La compañía avanza primero con la reactivación de Alumbrera, la operación de cobre y oro de Catamarca que dejó de producir en 2018.
Durante el foro, Pérez de Solay explicó la lógica detrás de esa secuencia: recuperar Alumbrera permite volver a incorporar y entrenar personal, poner nuevamente en funcionamiento infraestructura y reconstruir capacidades operativas antes del desarrollo de proyectos de mayor escala.
La estrategia coincide con lo informado oficialmente por Glencore. La compañía considera que la reactivación permitirá recomisionar anticipadamente las instalaciones de procesamiento, mantener infraestructura crítica operativa y reentrenar una fuerza laboral que posteriormente podrá contribuir al desarrollo de MARA.
El cronograma, además, se adelantó. Glencore informó en agosto que ahora espera obtener la primera producción de Alumbrera durante el segundo semestre de 2027, frente a la estimación anterior que apuntaba al primer semestre de 2028.
El plan contempla recuperar aproximadamente 75.000 toneladas de cobre y 317.000 onzas de oro durante unos cuatro años de operación, además de molibdeno.
Pero la relevancia estratégica de Alumbrera excede esos volúmenes.
Su infraestructura y su capital humano funcionan como una plataforma para reducir riesgos antes de avanzar hacia Agua Rica, un proyecto considerablemente mayor y concebido para utilizar parte de las instalaciones existentes.
La secuencia planteada por Pérez de Solay continúa posteriormente con El Pachón, completando una cartera de activos que podría extender el horizonte de Glencore en Argentina durante varias décadas.
Preparar una industria antes de construir las minas
La recuperación de capacidades adquiere mayor relevancia cuando se observa la cartera argentina en su conjunto.
Un gran proyecto de cobre no requiere solamente financiamiento. Necesita ingenieros, técnicos, operadores, empresas constructoras, proveedores electromecánicos, infraestructura y capacidades logísticas capaces de acompañar obras de gran escala durante varios años.
Pérez de Solay planteó durante el foro que esa capacidad debe formar parte de la evaluación de los futuros desarrollos.
El desafío se vuelve mayor si varios de los proyectos que actualmente avanzan en Argentina alcanzan etapas de construcción dentro de períodos similares. La disponibilidad de trabajadores especializados, proveedores y capacidad de ejecución puede transformarse entonces en un factor tan relevante como el acceso al capital.
La estrategia con Alumbrera permite a Glencore anticipar parte de ese proceso: recuperar experiencia operativa antes de necesitarla para activos considerablemente mayores.
Inversiones que pueden atravesar una docena de gobiernos
La escala temporal de la minería fue otro de los puntos centrales del análisis de Pérez de Solay.
Una compañía puede dedicar varios años a estudiar y reducir los riesgos de un proyecto antes de comprometer miles de millones de dólares. Una vez realizada la inversión, la mina puede permanecer en operación durante tres, cuatro o cinco décadas.En términos políticos, eso implica atravesar numerosos gobiernos nacionales y provinciales.
Por esa razón, la competitividad de un proyecto no depende únicamente de las condiciones existentes cuando se toma la decisión de inversión. También intervienen la estabilidad fiscal y regulatoria, el acceso a divisas, los permisos, la infraestructura, la relación con las comunidades y la capacidad de mantener una operación eficiente durante toda su vida útil.
El RIGI busca otorgar previsibilidad sobre una parte de esas variables durante un horizonte prolongado. Pero otras dependen de la capacidad del país y de las provincias para acompañar el crecimiento de la actividad.
El cobre vuelve a competir por capital en Argentina
El cambio de condiciones coincide con una etapa en la que Glencore busca incrementar su exposición global al cobre.
La compañía proyecta alcanzar alrededor de 1 millón de toneladas de producción anualizada de cobre hacia fines de 2028 y aproximadamente 1,6 millones de toneladas anuales hacia 2035, apoyada tanto en operaciones existentes como en nuevos proyectos. MARA y El Pachón forman parte de esa cartera de crecimiento.
Para Argentina, el dato relevante es que sus proyectos vuelven a competir dentro de una cartera internacional de asignación de capital. El RIGI mejoró las condiciones de entrada, pero la decisión de construir seguirá dependiendo de la competitividad integral de cada desarrollo.
Ahí aparece la principal conclusión del planteo de Pérez de Solay: la oportunidad del cobre argentino no depende solamente de la geología ni de conseguir una primera inversión.
Depende también de construir las capacidades necesarias para ejecutar proyectos de gran escala y sostenerlas durante décadas.
La secuencia que Glencore proyecta entre Alumbrera, MARA y El Pachón permite observar esa lógica a escala empresarial: recuperar primero infraestructura, trabajadores y experiencia operativa para reducir los riesgos de los desarrollos que vienen detrás.
El desafío para Argentina será lograr algo similar a escala de toda la industria: transformar una cartera de grandes recursos en capacidad sostenida para construir, operar y competir durante las próximas décadas.



