Vicuña y la escala del nuevo cobre argentino: cuando la infraestructura se convierte en un proyecto en sí mismo

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Vicuña y la escala del nuevo cobre argentino: cuando la infraestructura se convierte en un proyecto en sí mismo
Proyecto Vicuña: solo la primera fase de Josemaría demandará 260 MW de potencia y más de 200 kilómetros de infraestructura vial.
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Los grandes proyectos de cobre que Argentina busca poner en producción durante la próxima década plantean una escala diferente a la conocida hasta ahora por buena parte de la industria minera local. Vicuña es probablemente uno de los ejemplos más claros: desarrollar el recurso supone también construir buena parte de la infraestructura necesaria para hacerlo posible.

Por Panorama Minero

El desafío comienza por la ubicación. El distrito que integran Josemaría y Filo del Sol se encuentra en la Cordillera de los Andes, en San Juan, en un entorno de alta montaña donde las operaciones proyectadas se ubican por encima de los 4.000 metros y algunos sectores superan los 5.000 metros.

La distancia respecto de los centros urbanos, las condiciones climáticas y la dimensión de la futura operación convierten a caminos, energía y conectividad en componentes que exceden la infraestructura auxiliar tradicional de una mina.

Tomás Darmandrail, Strategic Planning Director de Vicuña, planteó esta dimensión durante el US-Argentina Forum on Critical Minerals, realizado esta semana en Buenos Aires. El ejecutivo describió un proyecto ubicado a más de 4.000 metros de altura, con sectores que superan los 5.500 metros y a unas cuatro horas de los centros poblados. En ese contexto, explicó que las obras de infraestructura necesarias adquieren prácticamente la escala de proyectos dentro del propio proyecto minero.

“No se trata solamente de construir una mina. El desarrollo requiere generar simultáneamente las condiciones que permitan abastecerla, operarla y conectar su producción con el mercado”.

260 MW para la primera fase de Josemaría

Solo analizar los requerimientos del sistema eléctrico permite dimensionar la magnitud del proyecto que significa Vicuña. En julio, el Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad autorizó el acceso y la ampliación del sistema de transporte solicitados para abastecer una demanda de 260 MW correspondiente a la primera fase de Josemaría.

La dimensión puede entenderse mejor al compararla con el sistema eléctrico argentino. Los 260 MW requeridos únicamente por la primera fase de Josemaría representan alrededor de un tercio de la potencia de Atucha II, una de las tres centrales nucleares del país.

Y esa sería sólo la primera etapa. Vicuña proyecta que la demanda eléctrica pueda crecer posteriormente hasta aproximadamente 400 MW y, en etapas sucesivas, alrededor de 700 MW. De alcanzarse ese nivel, el requerimiento del desarrollo sería comparable, en términos de potencia, con el de una central nuclear argentina.

Las obras contemplan una nueva línea de extra alta tensión de 500 kV y aproximadamente 167 kilómetros entre Rodeo y Chaparro, además de nuevas instalaciones y ampliaciones en las estaciones transformadoras Nueva San Juan, Rodeo y Chaparro.

En esta última se prevé, entre otras instalaciones, un banco de transformación de 500/220 kV de 450 MVA y dos salidas en 220 kV hacia la estación transformadora Josemaría.

En sintonía con esto, Darmandrail señaló que el consumo eléctrico requerido por un desarrollo de cobre de estas características es considerable, particularmente por el proceso necesario para obtener concentrado. La disponibilidad de energía y la infraestructura necesaria para transportarla pasan así a formar parte de la viabilidad y competitividad del proyecto.

La magnitud energética de Josemaría muestra una de las características que acompañará al desarrollo de los grandes proyectos de cobre: antes de producir, será necesario incorporar infraestructura de escala al sistema que los rodea.

Más de 200 kilómetros de infraestructura vial

La misma lógica de infraestructura para grandes proyectos se traslada a los accesos. Darmandrail explicó que el acceso al proyecto involucra más de 200 kilómetros de infraestructura vial desde las zonas pobladas, atravesando un territorio cordillerano en el que construir y mantener caminos constituye un desafío propio.

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Durante la etapa de construcción, esos accesos deberán permitir el movimiento de equipos, materiales, trabajadores y componentes de gran porte. Más adelante serán parte de la logística permanente de una operación diseñada para funcionar durante décadas.

El ejecutivo vinculó esa escala con las oportunidades que se abren alrededor del desarrollo. Ingeniería, construcción, generación y transmisión eléctrica, servicios mineros, financiamiento, project finance y garantías forman parte de las capacidades necesarias para llevar adelante proyectos de estas características.

El punto resulta particularmente relevante para la nueva cartera argentina. Los recursos existen y varios proyectos avanzaron considerablemente en su definición técnica, pero convertirlos en producción obliga a resolver simultáneamente obras que también requieren ingeniería, permisos, capital y capacidad de ejecución.

US$250 millones y una discusión más amplia para San Juan

La relación entre infraestructura minera y desarrollo provincial quedó reflejada también en el acuerdo alcanzado entre Vicuña y el Gobierno de San Juan.

El entendimiento contempla un aporte extraordinario de US$250 millones, no reembolsable ni compensable, destinado a financiar infraestructura estratégica en la provincia antes del inicio de la producción, un ítem que el gobernador Orrego destacó este jueves en el Alvear Palace Hotel, en la Ciudad de Buenos Aires.

El acuerdo incluye además una contribución equivalente al 1,5% de las ventas brutas a partir del sexto año de operaciones y estabiliza las regalías provinciales en el 3% de los ingresos durante la vida útil del proyecto, dentro de los alcances establecidos.

La discusión, sin embargo, excede el mecanismo financiero.

El gobernador Marcelo Orrego sostuvo que la infraestructura desarrollada alrededor de la minería debe generar beneficios que alcancen también a otras actividades económicas de San Juan. En una provincia donde conviven minería, vitivinicultura, producción de pistacho y otras cadenas productivas, el desafío será que parte de las obras necesarias para los grandes proyectos deje capacidad instalada más allá de sus límites operativos.

Darmandrail también ubicó el impacto regional dentro de la ecuación. La escala de Vicuña implica que las necesidades de infraestructura y servicios no quedan confinadas al área operativa, sino que generan requerimientos y oportunidades para proveedores, construcción, energía y otras actividades vinculadas al desarrollo del proyecto.

De construir la mina a ejecutar un sistema completo

Los nuevos depósitos minerales que llegan a etapas de desarrollo a nivel global suelen encontrarse en ubicaciones cada vez más remotas y requieren mayores inversiones para acceder a energía, agua, transporte y servicios.

En Argentina, la cuestión adquiere una dimensión adicional porque varios proyectos de cobre de gran escala podrían avanzar en períodos relativamente cercanos entre sí, generando simultáneamente demanda de ingeniería, construcción, proveedores especializados, trabajadores y capital.

Uno de los conceptos que atravesó las discusiones fue precisamente la capacidad de ejecución. Las compañías mineras pueden estructurar la construcción de sus instalaciones mediante contratos EPC o EPCM, pero existen obras compartidas o de uso público que no necesariamente pueden resolverse bajo la misma lógica.

Para Vicuña, esa discusión ya dejó de ser teórica. La infraestructura eléctrica comenzó a atravesar sus procesos regulatorios, los mecanismos para financiar obras provinciales ya fueron acordados y los accesos forman parte de la planificación necesaria para desarrollar el distrito.

La infraestructura también define cómo llegar al mercado

Existe además una segunda dimensión que comenzará a cobrar mayor importancia a medida que el cobre argentino se acerque a producción.

Las rutas y redes que hoy se analizan para llegar hasta los proyectos deberán servir posteriormente para sacar su producción. Y en el caso del cobre, el producto que sale de una mina no necesariamente es el metal terminado que utiliza la industria.

Darmandrail explicó que el proceso proyectado contempla la producción de concentrado de cobre, un material que posteriormente requiere etapas de fundición y refinación. Esa característica conecta la infraestructura del proyecto con una discusión que excede los límites de la mina: cómo llegará esa producción al mercado y dentro de qué cadenas de procesamiento se insertará.

Actualmente, buena parte de la capacidad mundial de fundición se concentra en Asia y particularmente en China. Para Argentina todavía es temprano para definir cómo quedarán configuradas esas cadenas en proyectos que aún no ingresaron en producción, pero la infraestructura que se construya tendrá incidencia sobre las alternativas disponibles.

Salida hacia el Pacífico, conexión con corredores hacia el Atlántico, costos logísticos y acceso a distintos mercados y centros de procesamiento son variables que ganarán importancia a medida que los proyectos avancen.

Es una discusión posterior a la necesidad inmediata de construir las minas, pero no completamente separada de ella. La infraestructura que se decida hoy condicionará parte de las opciones comerciales disponibles mañana.

La escala de lo que viene

Vicuña concentra algunos de los mayores recursos de cobre, oro y plata identificados en el país y representa una escala de desarrollo que Argentina todavía no experimentó en su industria cuprífera moderna.

Su avance permite observar anticipadamente algunos de los desafíos que podrían repetirse en otros proyectos: grandes requerimientos energéticos, cientos de kilómetros de infraestructura, logística de alta montaña y obras cuyo impacto puede extenderse mucho más allá del yacimiento.

La próxima generación del cobre argentino pondrá así a prueba una capacidad que excede a los propios proyectos mineros. Caminos, energía, obras compartidas, proveedores y financiamiento deberán avanzar al ritmo de inversiones de miles de millones de dólares, en muchos casos en zonas donde esa infraestructura todavía debe construirse prácticamente desde cero. La forma en que esas obras se ejecuten y se integren con las provincias será parte de la ecuación que determine los tiempos y la competitividad de los nuevos desarrollos.

En desarrollos de la escala de Vicuña, construir la mina y construir las condiciones para que la mina exista empiezan a formar parte de una misma inversión.

Publicado por: Panorama Minero

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