Iglesia: cuando la minería sembró emprendedores con mirada de futuro

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Iglesia: cuando la minería sembró emprendedores con mirada de futuro
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Tres emprendedores nacidos en el departamento del norte de San Juan relatan cómo la llegada de la minería metalífera y la puesta en marcha de Veladero les permitió transformar pequeños proyectos familiares en proveedores formales, adquirir conocimiento técnico y construir emprendimientos con visión de largo plazo, pensados para sostenerse más allá de la vida útil de la mina.

Por Panorama Minero

La puesta en marcha de la mina Veladero en 2005 marcó un antes y un después para el departamento Iglesia. Más allá del impacto laboral directo, la minería metalífera abrió un proceso menos visible pero profundo: la transformación de vecinos del lugar en proveedores con visión empresarial, capaces de proyectar su desarrollo más allá de la vida útil de la mina. Tres historias, nacidas en el corazón del departamento, reflejan ese cambio cultural y productivo que dejó de mirar a la minería como un hecho pasajero para convertirla en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento sustentable.

Los protagonistas comparten un mismo origen: son iglesianos, crecieron en un departamento históricamente vinculado a la agricultura y la ganadería, y entendieron que el verdadero desafío no era solo venderle a la minería, sino usar ese impulso para construir emprendimientos capaces de sostenerse en el tiempo, incluso cuando Veladero deje de operar.

Del pequeño taller a un proveedor premiado

Fernando Varela es propietario de la lavandería industrial Fernalexis, uno de los ejemplos más claros de cómo un emprendimiento local pudo profesionalizarse a partir de las exigencias mineras. Su camino comenzó hace poco más de siete años, cuando empezó a trabajar de manera indirecta con Aramark, empresa que brindaba el servicio de lavandería en Veladero.

Fernalexis inició con un emprendimiento muy pequeño con solo dos personas de acuerdo a lo que relata su propietario. En aquel momento, el servicio era prestado por una empresa externa y la posibilidad de asumirlo desde Iglesia parecía lejana. Sin embargo, la observación, la consulta permanente y la convicción de que podían hacerlo mejor desde el territorio fueron vitales. Con el tiempo, Fernalexis fue incorporando personal, absorbiendo conocimiento técnico y capacitando mano de obra local.

Hoy la lavandería emplea a 16 personas, todas de Iglesia, y se consolidó como contratista directo de Veladero desde 2023. El camino no estuvo exento de dificultades. El emprendedor explicó que les costó mucho adaptarse a las normativas que imponen los estándares internacionales, pero destacó el acompañamiento de la empresa minera durante el proceso de adaptación a los estándares de higiene, seguridad y medio ambiente.

Ese esfuerzo tuvo su reconocimiento: el año pasado Fernalexis obtuvo el primer premio en higiene, seguridad y medio ambiente dentro de la mina Veladero, superando a empresas de mayor tamaño y trayectoria. Para Varela, la minería fue mucho más que un cliente. Fue algo que les trajo conocimiento y les dio el empuje para generar un derrame económico que también fortalece la agricultura y la ganadería. De esa forma todo ese movimiento económico queda en el departamento.

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Panadería familiar y el desafío de modernizarse

En Tudcum, Enrique Montaño encarna otra faceta del desarrollo local: la del pequeño productor que intenta crecer sin perder el carácter familiar de su emprendimiento. Panadero de toda la vida, comenzó a interesarse por la minería desde sus inicios, allá por 2001, participando en reuniones para informarse. Sin embargo, recién pudo empezar a vender de manera incipiente a partir de 2012 o 2013.

Su panadería sigue siendo un emprendimiento pequeño, y lo que vende a la minería es entre el 8% y el 10% de su producción. Aun así, Montaño considera que el proceso valió la pena porque le implicó un proceso de mejora y crecimiento. Montaño es empleado público y antes de profesionalizar su emprendimiento vendía panes caseros y semitas que hacían en el horno de barro. Horneaban los fines de semana y se las vendían a los turistas. El salto a proveedor minero implicó una transformación profunda: dejar el horno a leña, invertir en maquinaria eléctrica y adaptarse a normas que exigían una producción más moderna y controlada.

Ese cambio no fue sencillo, especialmente en una zona donde no hay gas natural y el costo de la energía eléctrica es elevado. Pese a ello, Montaño logró diversificar su producción y hoy elabora pan de molde, pan de lomo y galletitas, con capacidad para duplicar sus ventas.

Para el panadero, la clave está en el largo plazo. El proceso llevó a que tome conciencia que el emprendimiento debe ser sustentable en el tiempo.

Aprender a producir con estándares industriales

La historia de Alfredo Díaz suma una mirada técnica y formativa al proceso. Sociólogo y productor agroindustrial, es dueño de Productos Regionales Valle de Tudcum y representa el impacto menos visible de la minería: la transferencia de conocimiento. Díaz es de Iglesia, pero tuvo que mudarse a la ciudad de San Juan para estudiar. Para sostenerse económicamente, elaboraba dulces artesanales, una actividad que luego se transformaría en su emprendimiento.

Su regreso coincidió con el inicio de Veladero y con un escenario completamente nuevo para las comunidades. Sostiene que en ese momento Iglesia era un pueblo sin experiencia empresarial, con economías de subsistencia basadas en pequeñas huertas familiares y la presencia de pequeña ganadería y agricultura. La inserción no fue inmediata: las normas de seguridad e inocuidad alimentaria eran desconocidas y exigían un cambio cultural profundo.

Con el tiempo, el acompañamiento de empresas y contratistas fue esencial. Según Díaz, hubo un aprendizaje colectivo: desde el préstamo de máquinas y equipos para capacitar operarios, hasta el monitoreo técnico en territorio. La minería comenzó a exigir a sus contratistas que bajaran a las comunidades y acompañaran el desarrollo local.

El proceso productivo también implicó investigación y ensayo. Díaz recuerda que le llevó cerca de tres años lograr una ensalada de frutas que durara 11 días sin oxidarse. El tema era conocer con certeza el comportamiento de algunos productos alimenticios en alta montaña. La devolución técnica desde el campamento permitió corregir el producto hasta que finalmente fue aprobado por Salud Pública.

Para crecer, no hubo atajos: capacitación constante, estudios en agroindustria y un ritmo de trabajo exigente. La consigna es que la minería no tiene feriados ni fiestas; son los 365 días del año.

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Un legado que va más allá de la mina

Las historias de Varela, Montaño y Díaz muestran que el verdadero impacto de la minería en Iglesia no se mide solo en toneladas extraídas o en empleo directo, sino en el capital humano y productivo que queda en el territorio. Emprendedores que comenzaron pequeños, aprendieron a trabajar con estándares internacionales y proyectaron sus negocios con una premisa clara: que el día que Veladero deje de operar, los emprendimientos sigan en pie. En el presente la premisa que siguen es vender más y seguir creciendo.

Publicado por: Panorama Minero

Categoría: Noticias

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Ricardo Alonso es una de las voces más autorizadas en materia minera y académica de Salta. Geólogo, escritor, es Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Salta, miembro de la Academia Nacional de Ciencias. Además, fue Secretario de Minería de Salta en dos periodos y Presidente de la Comisión de Minería de la Cámara de Diputados. Alonso comparte una perspectiva histórica de las carreras mineras en Salta, la dinámica con la demanda de la industria y los desafíos actuales.