Con proyectos que empiezan a destrabarse, el principal límite para el sector ya no es normativo ni geológico, sino la capacidad logística para sostener la exploración.
Por Panorama Minero
Mientras Mendoza acelera definiciones regulatorias y comienza a destrabar proyectos que estuvieron frenados durante años, emerge un límite menos visible pero determinante: la logística básica para la exploración minera. Así lo planteó Emilio Guiñazú, CEO de Impulsa Mendoza, durante una exposición en un foro logístico realizado en la provincia, al advertir que el principal problema que enfrenta hoy el sector no es geológico ni normativo, sino estrictamente operativo.
“El cuello de botella actual está en la logística más elemental”, resumió. La advertencia apunta especialmente a la etapa de prospección y exploración temprana, donde el acceso a alta montaña, la disponibilidad de servicios y la articulación de un esquema multimodal adecuado están condicionando el ritmo real de avance de los proyectos.
El foco crítico hoy está en la exploración
Más allá de los proyectos con mayor grado de avance, el principal punto de tensión aparece en la exploración. Según Guiñazú, las empresas de prospección que intentan ingresar a alta montaña están encontrando serias dificultades para armar el paquete logístico mínimo que exige la actividad minera moderna.
“No estamos hablando de camiones ni de cargas pesadas. Estamos hablando de vehículos 4×4, mulas, baquianos, comunicaciones, campamento y un conjunto de servicios que además cumplan con estándares internacionales de higiene, seguridad y sustentabilidad”, explicó.
Ese esquema, que suele percibirse como básico, hoy no está disponible de manera fluida ni profesionalizada. Y sin él, las campañas directamente no se realizan.
Ventanas operativas cortas y atrasos estructurales
La advertencia es técnica pero contundente: la temporada efectiva de exploración en alta montaña dura apenas entre tres y cuatro meses, aproximadamente desde fines de la primavera hasta marzo. Si una empresa no logra ingresar en ese período por falta de logística, el proyecto se retrasa un año completo.
“Si un prospector no entra a campo porque no encuentra logística de caballos, personal, cocina, comunicaciones o servicios certificados, se atrasa un año, dos años o tres. Y así no hay minería posible”, señaló.
En términos operativos, el sistema debería estar en condiciones de sostener entre 100 y 150 campañas de exploración por temporada. Cada una puede ser de pequeña escala -cuatro personas, seis caballos y campamentos de dos semanas-, pero son las que definen si un proyecto avanza o queda detenido en su etapa más temprana.
Caminos productivos y acceso territorial
Como respuesta parcial a este escenario, Impulsa Mendoza avanza con la apertura y mejora de los denominados caminos productivos en el departamento de Malargüe. Se trata de más de 400 kilómetros de trazas intervenidas para facilitar la aproximación de prospectores y exploradores a zonas donde, en muchos casos, el último tramo continúa realizándose a caballo.
Ese trabajo no reemplaza la logística especializada, pero reduce costos, tiempos y riesgos, y mejora las condiciones mínimas de acceso al territorio.
Escalas logísticas, desafíos distintos
El diagnóstico se completa con una mirada integral sobre la cadena minera. Cada segmento presenta desafíos logísticos propios: desde la exploración a lomo de mula, hasta el movimiento de cargas de gran volumen.
Finalmente, el CEO de Impulsa Mendoza subrayó que la logística minera moderna no se reduce al transporte. Una mina de primera categoría -incluso una de escala pequeña o mediana como San Jorge- requiere un flujo de materiales, insumos y personal comparable al de una pequeña ciudad, bajo estándares de calidad, seguridad y sustentabilidad que Mendoza aún no ha desarrollado plenamente.
“Lo más cercano que conocemos es la logística petrolera, pero la minería exige estándares mucho más altos, especialmente en proyectos en altura”, afirmó, y señaló que provincias como San Juan ya cuentan con un entramado de empresas de servicios adaptadas a esos requerimientos internacionales.
El mensaje de fondo es técnico y estratégico: sin logística, no hay minería. Mendoza tiene hoy una ventana de tiempo acotada para adecuar su entramado de servicios, capacitar empresas y consolidar un sistema que permita sostener tanto la exploración como los proyectos productivos que comienzan a avanzar.
El cuello de botella no está en el subsuelo, sino en la superficie. Resolverlo será determinante para que la actividad deje de ser una expectativa y se convierta en una industria operativa.



























