Leonardo Viglione -Socio de PwC Argentina y Líder de la industria minera– analiza el Informe Mine 2026.
Por Panorama Minero
La publicación del informe “PwC Mine 2026” vuelve a ofrecer una radiografía de la industria minera global. ¿Cuáles son las principales conclusiones que deja esta edición?
Como todos los años, el informe busca reflejar las principales tendencias que marcaron el desempeño de la industria durante el último año y anticipar los desafíos que enfrentará en el futuro.
En esta edición observamos que las 40 principales compañías mineras del mundo incrementaron sus ingresos un 3,3%, mientras que las ganancias crecieron un 23%. Este desempeño estuvo impulsado principalmente por la mejora de los precios de los minerales, ya que, en términos generales, los niveles de producción permanecieron estables e incluso registraron leves caídas en algunos casos.
Más allá de estos resultados, el informe deja una conclusión muy clara: ya no alcanzará con descubrir nuevos recursos minerales. Las compañías deberán ser cada vez más eficientes en su producción, operar bajo marcos regulatorios estables y contar con acceso al capital, un factor que será determinante para transformar los proyectos en operaciones productivas.
¿El crecimiento de los ingresos respondió principalmente al incremento de los precios o también estuvo acompañado por un aumento en los volúmenes de producción?
El principal factor fue el aumento de los precios. Las compañías, además, lograron mantener un fuerte control sobre sus costos operativos, lo que les permitió capturar gran parte de esa mejora de los mercados y fortalecer significativamente su generación de caja.
Ese excedente abre ahora distintos caminos estratégicos. Algunas empresas podrán destinar esos recursos a adquisiciones corporativas, otras priorizarán el desarrollo de nuevos proyectos, la reducción de deuda o la distribución de dividendos a los accionistas.
En definitiva, ese será uno de los grandes debates estratégicos que enfrentará la industria durante los próximos años.
¿La industria enfrenta un problema de sobreendeudamiento?
Las compañías han utilizado la mayor generación de caja para reducir deuda y fortalecer sus balances. Sin embargo, eso no significa que puedan financiar únicamente con recursos propios la próxima generación de grandes proyectos.
Muchos desarrollos requerirán necesariamente capital externo. Y allí aparece uno de los principales desafíos para la minería: el acceso al financiamiento. Existe abundante liquidez a nivel global, pero la industria minera no está captando una porción significativa de esos recursos.
¿Por qué la minería encuentra hoy mayores dificultades para atraer inversiones?
Porque hoy compite con sectores que ofrecen perspectivas de crecimiento muy atractivas para los mercados financieros.
Las inversiones vinculadas a inteligencia artificial, semiconductores, software y hardware están absorbiendo una parte muy importante del capital disponible a nivel mundial. Eso deja a la minería en una posición menos competitiva para acceder a esos recursos financieros.
Será interesante observar cómo evoluciona esta situación, porque el acceso al capital podría transformarse en uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo de numerosos proyectos mineros durante los próximos años.
La percepción social de la minería ha cambiado significativamente durante las últimas décadas. ¿Qué balance realiza sobre esa evolución?
Creo que la industria ha mejorado notablemente su imagen en los últimos veinte años. Argentina es un buen ejemplo de ese cambio: hace dos décadas la minería era un tema complejo de instalar en la agenda pública. Hoy forma parte del debate económico y productivo nacional, y ocupa espacios en los principales medios de comunicación.
Ese cambio responde al trabajo sostenido que realizó el sector en materia de licencia social, vinculación con las comunidades, gestión ambiental y diálogo permanente con los distintos actores involucrados.
Actualmente nadie discute la importancia de construir licencia social para desarrollar un proyecto minero. Hace veinte años el objetivo estaba puesto casi exclusivamente en desarrollar los proyectos de manera rápida y eficiente desde el punto de vista técnico y económico. Hoy ese enfoque ya no resulta suficiente.
Ningún proyecto puede avanzar sin una adecuada gestión ambiental, sin relacionamiento con las comunidades y sin una licencia social sólida que acompañe todo su desarrollo.
La transición energética ha modificado el mapa de los minerales estratégicos. ¿Cómo observa el creciente protagonismo de metales como el litio, el níquel, el cobalto y las tierras raras?
Los minerales siempre han sido estratégicos, pero sus aplicaciones evolucionan con el tiempo y eso modifica su relevancia.
Hace algunos años, por ejemplo, el litio tenía un mercado mucho más acotado y estaba asociado principalmente a usos medicinales y a las primeras aplicaciones en baterías. En la última década, la transición energética, la descarbonización y una mayor conciencia ambiental impulsaron una demanda sin precedentes de minerales como el litio, el cobre, el níquel, el cobalto y las tierras raras.
Eso no significa que materiales tradicionales como el hierro, el carbón o los metales preciosos hayan perdido importancia, porque continúan siendo fundamentales para la economía mundial. Sin embargo, los minerales vinculados a la transición energética concentran hoy una atención mucho mayor porque serán esenciales para sostener la electrificación, el almacenamiento de energía y las nuevas tecnologías.
La discusión ya no pasa únicamente por qué minerales consume el mundo hoy, sino por cuáles necesitará durante las próximas décadas.
En ese escenario también se observa un mayor protagonismo de China y de nuevas compañías asiáticas. ¿Qué lectura hace de esta tendencia?
China ocupa una posición única porque combina dos características determinantes: es uno de los mayores consumidores de minerales del mundo y, al mismo tiempo, uno de los principales productores y procesadores.
Esa realidad está favoreciendo el crecimiento de empresas asiáticas que hace algunos años tenían una presencia mucho más limitada en la industria y que hoy participan activamente en grandes proyectos, inversiones y decisiones estratégicas.
Es un fenómeno similar al que ocurrió con la industria automotriz. Hace algunos años pocos imaginaban el posicionamiento que alcanzarían los fabricantes chinos. Hoy compiten de igual a igual con empresas centenarias.
En minería estamos observando una transformación comparable. El mapa de los grandes actores está cambiando y Asia tendrá un peso cada vez mayor en ese proceso.
La geopolítica se ha convertido en uno de los principales condicionantes del desarrollo minero. ¿Qué lugar ocupa Argentina dentro de ese nuevo escenario?
Argentina vuelve a encontrarse en una posición muy favorable porque dispone justamente de algunos de los recursos que el mundo más necesita.
Las proyecciones internacionales muestran que el mercado del cobre podría enfrentar un déficit significativo de oferta entre 2027 y 2033. El principal problema es que no aparecen nuevos descubrimientos de clase mundial capaces de cerrar rápidamente esa brecha.
En ese contexto, Argentina posee una cartera de proyectos de cobre que se encuentra entre las más atractivas del mundo. Varios de ellos ya avanzan hacia etapas de desarrollo y, aunque por sí solos no eliminarán ese déficit, sí podrán realizar una contribución importante al abastecimiento global.
Si los cronogramas previstos se cumplen, algunos de estos proyectos comenzarían a producir hacia 2030 o 2031, incorporando nueva oferta en un momento particularmente oportuno para el mercado.
Además del cobre, Argentina se consolidó rápidamente como uno de los principales jugadores del mercado del litio. ¿Cómo evalúa esa evolución?
El crecimiento fue muy significativo. En apenas cinco años, Argentina pasó a ocupar un lugar comparable al de productores históricamente consolidados como Chile y Australia.
Esa evolución demuestra el potencial geológico del país, pero también la capacidad que tuvo la industria para poner en marcha nuevos proyectos en un contexto de fuerte expansión de la demanda internacional.
A eso se suma otro elemento que considero muy relevante. Argentina se encuentra en una región con bajos niveles de conflictividad geopolítica, cuenta con proyectos que, en términos generales, avanzan sobre la base de la licencia social y dispone de un marco normativo que busca promover las inversiones mineras.
La combinación de esos factores le otorga una oportunidad muy importante para incrementar su participación en el mercado mundial de minerales críticos y consolidarse como un proveedor estratégico durante las próximas décadas.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) representa un avance importante para el sector. Sin embargo, ¿qué otros desafíos debe resolver Argentina para desarrollar plenamente su potencial minero?
El RIGI constituye una herramienta muy relevante, pero por sí solo no alcanza para garantizar el desarrollo de los proyectos.
La mayoría de los grandes emprendimientos que hoy se encuentran en evaluación o en etapas avanzadas de desarrollo están ubicados en regiones donde la infraestructura es limitada y, en algunos casos, prácticamente inexistente.
Eso implica que, además de construir la mina, será necesario desarrollar caminos, líneas de transmisión eléctrica, sistemas logísticos y, en algunos casos, infraestructura portuaria que permita transportar la producción hacia los mercados internacionales.
Se trata de inversiones de gran magnitud que requieren planificación y tiempo. No son obras que puedan ejecutarse de manera inmediata.
¿Qué rol cumple entonces el RIGI dentro de ese proceso?
El principal aporte del RIGI es complementar el régimen de estabilidad que ya contempla la Ley de Inversiones Mineras.
Los proyectos mineros tienen horizontes de inversión excepcionalmente largos. Desde que comienza la inversión inicial hasta el inicio de la producción pueden transcurrir varios años y, posteriormente, muchas operaciones permanecen activas durante tres o cuatro décadas, e incluso más.
Ese horizonte exige un marco regulatorio estable y previsible que permita a los inversores planificar decisiones de largo plazo con un nivel razonable de certidumbre.
En ese sentido, el RIGI fortalece las condiciones necesarias para atraer inversiones y brindar previsibilidad a proyectos cuyo ciclo de vida suele extenderse a lo largo de distintas administraciones gubernamentales.
La minería suele pensarse en términos de décadas. Sin embargo, los próximos cinco años serán determinantes para el sector. ¿Cómo imagina ese escenario para Argentina?
Soy optimista por naturaleza y creo que ese optimismo también forma parte del ADN de la industria minera.
Argentina atraviesa una oportunidad extraordinaria. Si logra sostener reglas de juego estables y consolidar la minería como una verdadera política de Estado, el potencial de crecimiento es enorme, independientemente de los cambios de gobierno.
Ese desarrollo tendrá un impacto especialmente significativo en provincias alejadas de los grandes centros económicos tradicionales, donde la minería puede convertirse en un motor de inversión, empleo y crecimiento regional.
Además, si ese proceso se complementa con el desarrollo de Vaca Muerta y de otros sectores vinculados a los recursos naturales, Argentina contará con una oportunidad histórica para diversificar su matriz productiva y fortalecer su economía.
¿Qué impacto estructural puede tener la minería sobre el desarrollo económico del país?
La minería posee una característica diferencial frente a muchas otras actividades económicas: opera de manera continua, durante las 24 horas del día y los 365 días del año.
Esa continuidad genera empleo, demanda permanente de bienes y servicios, actividad para proveedores locales y un flujo sostenido de exportaciones.
Por eso considero que la minería puede transformarse en uno de los grandes motores de desarrollo económico de Argentina durante las próximas décadas.
No estamos planteando un camino inédito. Existen numerosos ejemplos internacionales que demuestran cómo una política minera sostenida en el tiempo puede convertirse en un factor decisivo para el crecimiento de un país.
No hace falta mirar demasiado lejos: basta con observar la experiencia de algunos de nuestros vecinos.



