Tras décadas de atraso en infraestructura, la Ruta Nacional 7 entra en una nueva etapa

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Tras décadas de atraso en infraestructura, la Ruta Nacional 7 entra en una nueva etapa
Las Cuevas se mantendrá como una de las cuatro estaciones de peaje del corredor.
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Tras décadas de atraso en infraestructura, la Ruta Nacional 7 entra en una nueva etapa. El Gobierno nacional confirmó la adjudicación de 329,09 kilómetros del corredor en Mendoza bajo un esquema de concesión por 20 años, con cuatro estaciones de peaje y una inversión proyectada superior a US$300 millones.

Por Panorama Minero

La intervención alcanza a la principal conexión terrestre de Mendoza con Chile y a una ruta que ya forma parte de la logística minera regional. Por Cristo Redentor circula cal producida en San Juan con destino a operaciones mineras chilenas y, al mismo tiempo, el corredor aparece entre las alternativas que deberán analizar los proyectos de cobre argentinos que estudien una salida hacia los puertos del Pacífico.

La concesión llega además después de un invierno que volvió a exponer las limitaciones de la conexión internacional. Cristo Redentor permaneció 34 días consecutivos cerrado y dejó una señal sobre la confiabilidad de una infraestructura que deberá responder a un movimiento de cargas que podría crecer durante los próximos años.

329 kilómetros, 20 años y cuatro peajes

La adjudicación quedó en manos de la UTE conformada por Laugero Construcciones S.A., Green S.A. y Corporación del Sur S.A. y comprende dos sectores: 146,82 kilómetros desde el límite entre San Luis y Mendoza hasta la Variante Palmira y otros 182,27 kilómetros desde el empalme con la Ruta Nacional 40 hasta el límite con Chile.

El nuevo esquema prevé cuatro estaciones de peaje distribuidas a lo largo del corredor. Se mantendrán Desaguadero y Las Cuevas y se incorporarán otras dos estaciones en San Martín/Palmira y en el acceso a Potrerillos.

La oferta de la UTE contempló una tarifa de $3.090,25 más IVA por estación, un valor 22% inferior al máximo establecido en el pliego y más de 10% por debajo de la segunda propuesta económica. El esquema incorpora además una fórmula de actualización vinculada con la evolución de costos y las necesidades de mantenimiento de la ruta.

El monto informado corresponde a la tarifa ofertada dentro del proceso y no permite establecer todavía cuánto pagará efectivamente un transporte minero pesado por atravesar el corredor completo, debido a que la información disponible no detalla la estructura tarifaria aplicable a cada categoría de vehículo.

También está prevista una modernización del sistema de cobro. La propuesta apunta a incorporar progresivamente mecanismos electrónicos, lectura automatizada de patentes y sistemas destinados a reducir las detenciones en las estaciones, particularmente relevantes en una ruta con fuerte presencia de transporte de cargas.

US$300 millones y una primera intervención de 24 meses

La UTE proyecta una inversión superior a US$300 millones a lo largo de los 20 años de concesión, financiada mediante una combinación de capital propio, crédito bancario y los ingresos generados por los peajes.

El programa establece una primera etapa intensiva durante los primeros 24 meses, con intervenciones sobre algunos de los sectores más sensibles del corredor.

Entre los trabajos previstos se encuentra la reconstrucción de losas deterioradas en alta montaña, la intervención estructural del puente de Uspallata, mejoras de señalización horizontal y vertical, iluminación en cruces y nodos y la adaptación de la Ruta 7 a la conexión con la Variante Palmira-Agrelo.

Esta última obra permitirá derivar parte del tránsito pesado hacia el sector de Potrerillos sin atravesar el área urbana del Gran Mendoza, incorporando la nueva infraestructura vial al funcionamiento del corredor internacional.

Una ruta minera antes del cobre

La relevancia de estas intervenciones para la minería no depende de una futura producción de cobre. La Ruta 7 ya integra una cadena minera entre Argentina y Chile.

La cal producida en San Juan utiliza el corredor mendocino para abastecer operaciones del otro lado de la cordillera. El último cierre de Cristo Redentor dejó una imagen concreta de ese movimiento: entre los primeros camiones que lograron atravesar el paso después de 34 días muchos estaban cargados con cal sanjuanina destinada a minas chilenas. Esa carga había permanecido esperando durante todo el período de interrupción.

El dato muestra que las condiciones de la Ruta 7 ya tienen incidencia sobre una cadena de abastecimiento minera activa. El nuevo esquema de concesión, mantenimiento e inversión se montará sobre un corredor que actualmente transporta insumos hacia una de las principales industrias mineras del mundo.

A ese flujo existente podría agregarse otro desafío durante los próximos años.

El cobre también empieza a mirar hacia el Pacífico

Los grandes proyectos de cobre argentinos deberán definir sus cadenas logísticas antes de entrar en producción. Para Mendoza y parte de la minería cordillerana de San Juan, la cercanía con los puertos chilenos mantiene a Cristo Redentor dentro de las alternativas posibles.

La distancia juega a favor del corredor. La confiabilidad todavía aparece entre las variables que deberán resolver los proyectos antes de tomar una decisión definitiva.

Las inversiones previstas pueden actuar sobre varios de los déficits que acumula la Ruta 7: deterioro de calzada, mantenimiento, señalización, puentes, iluminación y funcionamiento de determinados puntos críticos.

La confiabilidad integral de Cristo Redentor depende también de variables que exceden una concesión vial.

El corredor atraviesa sectores de alta montaña expuestos a nieve, viento y riesgo de avalanchas. Fuera de los cierres prolongados por condiciones meteorológicas, buena parte del trazado mantiene una calzada por sentido y escaso margen para sostener la circulación frente a accidentes que involucren vehículos pesados.

A eso se suman la capacidad de los complejos fronterizos, la acumulación de camiones durante las interrupciones y el tiempo necesario para recuperar el flujo normal después de cada reapertura.

La adjudicación abre así una etapa distinta para los 329 kilómetros mendocinos de la Ruta 7. Cuatro peajes, más de US$300 millones comprometidos y un programa inicial de obras aparecen sobre un corredor que durante décadas acumuló necesidades de infraestructura.

La diferencia es que esa discusión encuentra hoy a Cristo Redentor con una función minera concreta por el movimiento de cal sanjuanina hacia Chile y con una posible demanda adicional a futuro si parte del cobre argentino termina buscando una salida hacia el Pacífico. La concesión comienza a intervenir sobre la ruta. La capacidad del corredor para acompañar una nueva escala de cargas dependerá de cuánto logre resolver durante los próximos años.

Publicado por: Panorama Minero

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