Con 56 proyectos distribuidos entre operaciones, construcción y exploración, el país consolida una de las mayores carteras de litio del mundo. Informes de la Secretaría de Minería, la UIA y la CAEM proyectan inversiones por US$15.000 millones, una capacidad instalada superior a 517.000 toneladas anuales de LCE y una producción que crecería 254% en la próxima década, impulsada por el avance de nuevos desarrollos y la expansión de los principales yacimientos del NOA.
Por Panorama Minero
La industria del litio atraviesa uno de los momentos más dinámicos de su historia en Argentina. Mientras la demanda mundial de minerales críticos continúa impulsada por la transición energética, el almacenamiento de energía y la fabricación de vehículos eléctricos, el país acelera el desarrollo de una cartera que ya alcanza 56 proyectos en diferentes etapas de maduración.
Desde las operaciones comerciales que hoy sostienen las exportaciones hasta los emprendimientos que avanzan en construcción, factibilidad y exploración, el sector se prepara para un crecimiento sin precedentes.
Las proyecciones elaboradas por la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), junto con los datos de la Secretaría de Minería, muestran que el litio se encamina a convertirse en uno de los principales motores de inversión, generación de divisas y desarrollo productivo del país durante la próxima década.
De acuerdo con los datos de la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera, Argentina cuenta actualmente con 56 proyectos de litio, distribuidos en distintas etapas de desarrollo:
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7 en operación
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5 en construcción
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2 con factibilidad
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3 en pre-factibilidad
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4 en Evaluación Económica Preliminar (PEA)
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27 en exploración avanzada
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8 en exploración inicial
En conjunto, este portafolio concentra 216,32 millones de toneladas de recursos de LCE, 23 millones de toneladas de reservas y un potencial productivo estimado en 602.000 toneladas anuales, una cifra que incluso supera la producción proyectada para 2035 y demuestra que el horizonte de crecimiento del sector podría extenderse mucho más allá de la próxima década.
Los siete proyectos que ya se encuentran en operación comercial son: Cauchari-Olaroz, Centenario-Ratones, Fénix, Mariana, Olaroz, Sal de Oro y Tres Quebradas, que constituyen la base de la producción nacional.
A ellos se suman cinco emprendimientos en construcción —Hombre Muerto Oeste, Rincón, Sal de los Ángeles, Sal de Vida y Salar del Rincón— que representan el próximo salto de capacidad productiva y comenzarán a incorporarse gradualmente durante los próximos años.
La cartera continúa con dos proyectos en etapa de factibilidad, Kachi y Pozuelos-Pastos Grandes (PPG), considerados entre los desarrollos de mayor escala previstos para la próxima década; tres proyectos en pre-factibilidad —Arizaro, Cauchari y Cauchari JV— que avanzan en estudios técnicos y de ingeniería; y cuatro proyectos con Evaluación Económica Preliminar (PEA): Candelas, Hombre Muerto Norte, Río Grande y Salar Tolillar, que continúan consolidando recursos y evaluando su viabilidad económica.
El potencial del país se amplía aún más con 27 proyectos en exploración avanzada, entre los que se destacan Arizaro Sur, Cangrejillos, Centenario, Doncellas, Gallego e Incahuasi, además de otros desarrollos distribuidos principalmente entre las provincias de Salta, Catamarca y Jujuy.
A este universo se agregan ocho proyectos en exploración inicial, como Antofalla Norte, Candela II, Cazadero Grande, Formentera-Cilón, Incahuasi, Leoncito, Los Sapitos y San Jorge, que representan la futura generación de iniciativas que podrían alimentar el crecimiento del sector durante las próximas décadas.
La hoja de ruta: inversiones y más producción
Proyecciones elaboradas por Francisco Abramovich, jefe del Departamento Minero de la Unión Industrial Argentina (UIA), y Nadav Rajzman, jefe de Economía de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), dibujan un escenario de fuerte expansión hasta 2035 que, de concretarse, posicionará a Argentina entre los principales productores mundiales de carbonato de litio equivalente (LCE).
El estudio proyecta inversiones cercanas a los US$15.000 millones destinadas tanto a nuevas operaciones como a la ampliación de proyectos ya existentes. Ese flujo de capital permitiría elevar la capacidad instalada teórica desde las 201.000 toneladas anuales de LCE registradas en 2025 hasta 517.000 toneladas en 2035, mientras que la producción efectiva crecería desde 115.000 toneladas hasta aproximadamente 407.000 toneladas anuales. En apenas diez años, la oferta nacional aumentaría 292.000 toneladas, equivalente a un crecimiento acumulado del 254%, es decir, 3,54 veces el volumen producido actualmente.
El crecimiento proyectado por la UIA y la CAEM no responde a una única inversión de gran escala, sino a una secuencia de ampliaciones y nuevos desarrollos que comenzarán a incorporarse de manera escalonada entre 2026 y 2033.
El primer punto de inflexión llegará en este 2026, cuando ingresen en distintas etapas de producción la Fase 1B de Fénix, operada por Rio Tinto Lithium; Hombre Muerto Oeste, de Galan Lithium; la Fase 2 de Sal de Oro, desarrollada por POSCO Argentina; y Sal de Vida, también bajo la órbita de Rio Tinto, luego de la adquisición de Arcadium Lithium. La coincidencia temporal de estos emprendimientos explica el primer salto de la curva de capacidad instalada y marca el inicio de una nueva etapa para la minería del litio en el país.
Dos años más tarde, el escenario volverá a modificarse con la incorporación de la segunda etapa de Hombre Muerto Oeste y la expansión del proyecto Rincón, ambos considerados estratégicos para la cartera global de Rio Tinto.
En 2029 comenzará a aportar producción el proyecto Pozuelos-Pastos Grandes (PPG), impulsado por Lithium Argentina y Ganfeng Lithium, mientras que 2030 estará marcado por la Fase 2 de Minera Exar, cuya ampliación en el salar Cauchari-Olaroz representa uno de los mayores incrementos individuales de capacidad previstos para la década.
El cronograma continuará con la segunda expansión de Pastos Grandes en 2031, la incorporación del proyecto Kachi, de Lake Resources, en 2032, y una tercera fase de Pastos Grandes en 2033, cuando la capacidad instalada nacional prácticamente alcance su techo proyectado de 517.000 toneladas anuales de LCE.
La aceleración de estas inversiones ya comenzó a reflejarse en los anuncios corporativos de los últimos meses. El Gobierno nacional aprobó bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) las ampliaciones de Cauchari-Olaroz, Sal de Oro, Rincón y Fénix, a las que recientemente se sumó el proyecto Tres Quebradas (3Q), de LIEX S.A., en Fiambalá, Catamarca.
La nueva iniciativa contempla una inversión de US$709 millones para desarrollar una planta con capacidad de 40.000 toneladas anuales de carbonato de litio, además de la infraestructura necesaria para la extracción y procesamiento de salmuera. Según informó el Gobierno nacional, el proyecto generará 4.406 puestos de trabajo directos e indirectos entre las etapas de construcción y operación, contará con una vida productiva estimada superior a 19 años y podría aportar alrededor de US$400 millones anuales en exportaciones. Con esta incorporación, el RIGI acumula 21 proyectos aprobados, con inversiones comprometidas por US$46.700 millones.
En el caso de Minera Exar, la ampliación demandará US$1.241 millones, elevará la capacidad productiva hasta 85.000 toneladas anuales, generará alrededor de 1.800 empleos directos e indirectos y prevé iniciar operaciones hacia fines de 2028.
POSCO, por su parte, destinará US$547 millones a la segunda etapa de Sal de Oro, que alcanzará una capacidad de 23.000 toneladas anuales de carbonato de litio y podría generar exportaciones superiores a US$300 millones anuales.
La actividad también se acelera en Catamarca de la mano de los proyectos 3Q y HMW. Con un RIGI aprobado en agosto de 2025, Galan Lithium anunció recientemente la primera producción de cloruro de litio en Hombre Muerto Oeste (HMW), luego de completar la puesta en marcha húmeda de su planta de nanofiltración. La planta de producción de salmuera y carbonato de litio comenzó a operar el 1 de abril de 2026, con una capacidad total de 12.000 toneladas anuales. La inversión fue de US$217 millones.
La empresa australiana prevé comenzar la comercialización durante este año, respaldada por un acuerdo de suministro de largo plazo con la estadounidense Authium, mientras avanza hacia una ampliación que elevará su capacidad inicial desde 4.000 hasta 5.200 toneladas anuales durante el primer semestre de 2027.
Paralelamente, Galan ya cuenta con permisos para desarrollar una segunda fase con capacidad para 21.000 toneladas anuales de LCE, en línea con las proyecciones de expansión consideradas por la UIA y la CAEM.
Otro de los proyectos llamados a modificar la escala del sector es Pozuelos-Pastos Grandes (PPG), en Salta, de Ganfeng Lithium LATAM, a través de la subsidiaria Lithea Inc., junto a Lithium Argentina, que buscan incorporar un tercer socio estratégico para fortalecer el financiamiento de un desarrollo que demandará más de US$3.000 millones y prevé producir 150.000 toneladas anuales de LCE distribuidas en tres fases.
Para lograrlo, desde PPG solicitaron en febrero pasado la adhesión al RIGI por ese monto. El proyecto ya alcanzó un hito clave en su etapa inicial: la primera fase cuenta con la aprobación de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), lo que habilita el avance del desarrollo bajo los marcos regulatorios correspondientes.
Mientras tanto, también en Salta, NOA Lithium continúa ampliando la cartera de proyectos del futuro con avances en Río Grande, donde estima recursos cercanos a cinco millones de toneladas de LCE y una capacidad potencial de 40.000 toneladas anuales, además del desarrollo de Arizaro, donde ensaya tecnologías de extracción directa de litio (DLE) junto a Summit Explore Corporation.
En paralelo, Rio Tinto confirmó que el litio será la división de mayor crecimiento dentro de su cartera global, apoyándose en nuevas inversiones sobre los activos de Rincón, Sal de Vida y Olaroz. El proyecto Rincón, en el Salar de Rincón, en Salta, consiste en una expansión de planta de carbonato de litio con capacidad para 60.000 toneladas anuales de grado batería, suficiente para abastecer aproximadamente un millón de vehículos eléctricos por año. Esta operación incluye la planta inicial de 3.000 toneladas y la planta de expansión de 57.000 toneladas. Según informó la compañía, la inversión total asciende a US$3.000 millones y el inicio de operaciones está previsto para enero de 2028. Ya cuenta con un RIGI aprobado por US$2.700 millones.
El segundo proyecto que Rio Tinto incorporó al RIGI corresponde a la ampliación de Fénix 1B, ubicado en el Salar del Hombre Muerto, en Catamarca. La iniciativa, a nombre de Minera del Altiplano S.A., contempla una inversión de US$530 millones para expandir la capacidad de producción de carbonato de litio en 9.500 toneladas anuales.
La Fase 1B de Fénix contempla la construcción de una nueva planta de adsorción selectiva y otra de carbonato de litio, junto con la perforación de nuevos pozos de salmuera, infraestructura complementaria y una planta compresora de gas en la localidad de Olacapato para ampliar la capacidad de transporte de gas y abastecer la expansión de la producción de litio. Estos desarrollos demandarán 1.143 puestos de trabajo durante la etapa de construcción y otros 504 empleos permanentes una vez iniciada la operación, además de aportar alrededor de US$165 millones por año en exportaciones.
La estrategia de Rio Tinto refleja una tendencia que atraviesa a toda la industria: la convicción de que la expansión de la electromovilidad, el almacenamiento energético y las energías renovables continuará impulsando la demanda mundial de minerales críticos durante las próximas décadas, consolidando a Argentina como uno de los principales polos de desarrollo del litio a nivel internacional.



