Juan Manuel Léaniz, representante de Siete Cimas Pro, destacó la importancia de la gestión del riesgo de avalanchas para proteger a los trabajadores y garantizar la continuidad operativa de los proyectos mineros en la cordillera.
Ante las nevadas extremas, la evaluación técnica del manto níveo, el monitoreo especializado y la provocación controlada de avalanchas permiten reducir riesgos, despejar accesos y evitar mayores demoras y costos operativos.
Por Panorama Minero
El desarrollo de proyectos económicos en áreas cordilleranas, en los rubros de exploración y explotación minera, exige una mirada rigurosa sobre las condiciones del terreno. Juan Manuel Léaniz, representante de Siete Cimas Pro —línea profesional de seguridad en altura cuyo nombre rinde homenaje a los picos de la cordillera de Ansilta—, señala que cualquier emprendimiento productivo en la montaña requiere una adecuada lectura y gestión de los factores de peligro implícitos.
Dado que las características geográficas y la morfología montañosa hacen imposible eliminar los riesgos por completo, la estrategia técnica se enfoca en identificarlos y minimizarlos mediante acciones preventivas. En este contexto, la contratación de servicios especializados en seguridad no constituye un gasto opcional, sino una inversión orientada a resguardar a los trabajadores y proteger la continuidad operativa de los emprendimientos.
El impacto de las nevadas extremas en la actividad minera
Fenómenos climáticos extraordinarios, como el Súper Niño, provocaron cargas masivas e inusuales de nieve a lo largo de la cordillera de los Andes. Estas acumulaciones forman mantos inestables en laderas que se proyectan directamente sobre los caminos de acceso a los proyectos mineros y sus campamentos.
Esta situación altera los cronogramas del sector productivo. Las campañas de exploración, que inician entre agosto y septiembre, sufren demoras severas debido al bloqueo nival de las rutas. Desarrollos mineros de gran escala, como los proyectos Altar y Los Azules, registran retrasos logísticos. La ocurrencia de temporales sucesivos vuelve a cubrir de nieve los caminos justo cuando las cuadrillas avanzan en su despeje, lo que incrementa los costos operativos y exige una evaluación constante de la estabilidad del terreno.
Procedimientos de evaluación técnica ante el riesgo de avalanchas
Para afrontar el peligro de desprendimientos en la nieve, los equipos técnicos en prevención actúan como la avanzada operativa antes de autorizar el ingreso de personal o maquinaria a una zona determinada. El procedimiento comienza con una lectura pormenorizada de la topografía, analizando la inclinación de las pendientes y el sustrato sobre el cual se asienta el manto níveo.
Durante la inspección de laderas sospechosas o inestables, se aplican estrictos protocolos de resguardo personal:
- Monitoreo con equipos ARVA: El especialista que ingresa al área de evaluación porta un dispositivo electrónico de localización (ARVA) en modo emisor sujeto a su cuerpo. Simultáneamente, un vigía posicionado a una distancia segura opera un segundo dispositivo en modo receptor, lo que asegura la ubicación inmediata del evaluador en caso de quedar cubierto por un desprendimiento.
- Construcción de fosas de avalancha: Para examinar la estructura interna de la nieve, se excavan fosas de aproximadamente dos metros por dos metros, buscando alcanzar la mayor profundidad posible hasta llegar al suelo o sustrato.
- Análisis físico del manto níveo: En la fosa se diferencian las distintas capas de nieve, analizando la densidad, el tipo de cristal, el grado de humedad y el nivel de cohesión entre estratos. Asimismo, se efectúan ensayos mecánicos de compresión y corte para diagnosticar el grado de inestabilidad y el riesgo de colapso.
Mitigación activa y resguardo de la continuidad operativa
Cuando la evaluación de campo revela un nivel de peligro elevado que amenaza vías de comunicación o campamentos, prima la prevención y se prohíbe el tránsito por el sector. En los casos en que resulta indispensable liberar un acceso, se ejecutan medidas de mitigación activa mediante la provocación controlada de la avalancha.
Dado que las empresas no pueden aguardar semanas o meses a que el manto de nieve se estabilice o se derrita por medios naturales, desencadenar el desprendimiento de forma planificada permite controlar el momento del evento. Una vez provocada la avalancha y neutralizado el peligro en la ladera, la maquinaria pesada ingresa a remover el material acumulado sobre la ruta.
Este conjunto de procedimientos se fundamenta en metodologías promovidas por escuelas internacionales de seguridad nival —como las normativas canadienses, norteamericanas y europeas—, adaptadas a las exigencias productivas de la minería moderna para garantizar operaciones sustentables y seguras en la alta montaña.



