Miguel Soler: “La minería necesita mejorar la calidad de la conversación y gestionar las expectativas”

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Miguel Soler: “La minería necesita mejorar la calidad de la conversación y gestionar las expectativas”
Para Soler, “el desafío es que el desarrollo minero se traduzca en crecimiento económico más allá de las propias minas.”
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La minería ganó espacio en la agenda pública argentina y las expectativas alrededor de nuevos proyectos aumentaron en paralelo. Para Miguel Soler, ese escenario representa una oportunidad, pero también plantea un desafío: mejorar la calidad de la discusión y comunicar con mayor precisión qué puede aportar la actividad, en qué plazos y con qué alcance territorial.

Por Panorama Minero

Geólogo de formación, Soler ocupó la Secretaría de Minería de Jujuy y presidió el Consejo Federal de Minería (COFEMIN). Actualmente se desempeña como consultor del Banco Mundial en políticas y regulación minera.

En diálogo con Panorama Minero, analiza el escenario actual de la minería argentina, el vínculo con las comunidades y el desafío de gestionar las expectativas generadas por el desarrollo del litio y los grandes proyectos de cobre. También aborda la necesidad de ampliar la base de proveedores, formar recursos humanos y generar condiciones competitivas para atraer inversiones en un escenario internacional donde Argentina compite con otras jurisdicciones.

¿Cómo observa el momento actual de la minería argentina, en un contexto en el que la actividad ganó protagonismo en la agenda pública?

El presente es positivo porque la minería se instaló como un tema de conversación. Que se esté hablando de la actividad ya representa un avance.

Sin embargo, todavía necesitamos mejorar mucho la calidad de esa conversación. Circulan afirmaciones que no son correctas, percepciones que no necesariamente coinciden con la realidad y expectativas que probablemente no se cumplan. Pero el hecho de que el tema esté instalado permite trabajar sobre esas cuestiones y empezar a plantear acciones concretas, porque existe una sociedad más receptiva a discutir la minería.

Uno de los temas que aparece con mayor frecuencia es el nivel de expectativas generado alrededor de la actividad. ¿Cómo debería gestionarse?

La única manera de gestionar las expectativas es mostrar resultados concretos de manera progresiva y explicar claramente cómo funciona la actividad. También hay que comunicar dónde esperan los gobiernos nacional y provinciales que se produzca ese desarrollo y cuál puede ser su impacto real.

Un proyecto de exploración en la cordillera genera principalmente oportunidades en las localidades cercanas. Cuando una mina entra en producción, ese impacto aumenta y también se profundiza la relación con las comunidades y poblaciones próximas.

A medida que un proyecto crece necesita más insumos, servicios y bienes, y llega un momento en que la oferta local, e incluso provincial, puede no ser suficiente. Ahí aparece uno de los grandes desafíos.

Hoy se habla de la minería como una nueva fuente de riqueza capaz de contribuir al desarrollo de las provincias y del país. El verdadero desafío es que las poblaciones de las zonas donde se desarrolla puedan percibir ese crecimiento económico. No significa que todos tengan que trabajar directamente en una mina, sino que el impacto pueda extenderse hacia otras actividades productivas, infraestructura, educación y salud. Ese es un objetivo de largo plazo.

¿Cómo se comunica ese potencial sin generar la expectativa de que el impacto llegará de la misma manera a toda la población?

Tenemos que comunicar mejor porque ya existen experiencias que permiten mostrar resultados concretos. Un ejemplo es el departamento de Susques, en Jujuy, donde actualmente operan dos minas de litio.

Hace quince años había escuelas que estaban perdiendo alumnos y localidades cuya población disminuía. Hoy vemos otra dinámica: las escuelas tienen alumnos, las localidades han crecido y hay integrantes de las comunidades que construyeron sus viviendas, compraron vehículos o se convirtieron en proveedores.

Al mismo tiempo, hay que explicar la escala real del empleo. Un proyecto de litio en la Puna no puede generar empleo directo para personas de todo el país. Incluso un proyecto de litio de gran escala puede tener alrededor de 700 trabajadores durante la operación, mientras que una mina de cobre podría emplear unas 2.000 personas, sin contar la etapa de construcción.

La combinación de minas de cobre y litio, otros minerales y distintas actividades productivas puede generar desarrollo, pero sus efectos no serán iguales para toda la población. Esa también es una parte importante de la conversación.

¿Qué lugar ocupa el vínculo con las comunidades dentro de ese proceso?

Es un aspecto central. En el departamento de Susques, por ejemplo, el último censo registró alrededor de 4.500 habitantes. Allí existen dos operaciones de litio y más de diez proyectos en distintas instancias, además de cientos de trabajadores vinculados con la actividad.

El efecto económico se extiende también a sus familias y a otras actividades, aunque naturalmente no alcanza a todos de la misma manera. Por eso siempre existirán reclamos y cuestionamientos, incluidos aquellos vinculados con cuestiones ambientales o con el uso del agua.

Lo importante es identificar a los distintos actores, entender dónde están y cuál es su relación con el territorio y trabajar a partir de esa realidad. Las comunidades directamente vinculadas con los proyectos tienen un lugar central en ese proceso. También pueden existir posiciones críticas provenientes de otros sectores, que deben ser escuchadas y consideradas en función de su vínculo con cada proyecto.

¿Cambió en los últimos años la manera en que las empresas se relacionan con las comunidades?

Sí, el cambio es visible, aunque es un proceso de largo plazo. También requiere un Estado presente, que pueda actuar como articulador y participar cuando sea necesario.

Es un aprendizaje progresivo. Maduran las empresas, las comunidades, los gobiernos provinciales y los municipios. Todos los actores van incorporando experiencia a medida que la actividad se desarrolla.

Desde su experiencia académica, ¿qué papel pueden desempeñar las universidades y otras instituciones educativas frente al crecimiento de la minería?

Las universidades, las escuelas secundarias y las instituciones educativas en general tienen un papel fundamental. Necesitamos formar los recursos humanos y las capacidades técnicas que permitan llevar los proyectos a la práctica.

La minería demanda perfiles muy diversos. Hay ingenieros mecánicos e industriales que quizás nunca imaginaron trabajar en una mina, pero también contadores, técnicos, mecánicos, soldadores y una gran cantidad de personas vinculadas con servicios, gastronomía, logística y otras actividades auxiliares.

Necesitamos fortalecer la formación técnica y productiva, incluyendo ingenierías mecánicas y otras especialidades que serán necesarias si los proyectos avanzan. Las universidades son un pilar porque aportan el conocimiento y los profesionales que después permiten ejecutar esas inversiones.

¿Cómo se puede orientar a los jóvenes hacia esas oportunidades cuando los tiempos de desarrollo de los proyectos mineros son tan largos?

Ese es otro desafío relacionado con la gestión de expectativas. Es difícil decirle a una persona que elija una carrera pensando en un proyecto que podría comenzar dentro de cuatro años si no existe certeza sobre cuándo efectivamente entrará en desarrollo.

Por eso es importante que los proyectos puedan tener cronogramas cada vez más claros y que se comunique cuándo podrían comenzar y qué perfiles profesionales y técnicos necesitarán. Eso permitiría mejorar la planificación.

Con los proveedores sucede algo similar. Lo hablamos recientemente en una reunión de la Mesa del Litio en Buenos Aires: una empresa que tiene que invertir para comprar una nueva máquina necesita cierta previsibilidad sobre la demanda futura. Si realiza la inversión y después no puede utilizar ese equipo para prestar servicios, pone en riesgo su negocio.

Frente a este escenario, ¿es optimista sobre el próximo ciclo de desarrollo minero en Argentina?

Soy optimista respecto de que al menos algunos proyectos puedan avanzar, pero también soy cauteloso. Todos quieren que haya inversiones, pero para que lleguen tenemos que generar un escenario competitivo que permita que ese capital efectivamente se radique en Argentina.

El país tiene que entender que no es el único destino de inversión minera del mundo. Tampoco somos los únicos que tenemos pórfidos de cobre o recursos de litio. Tenemos esos recursos y debemos generar las condiciones para desarrollarlos. Si las inversiones no encuentran esas condiciones acá, pueden dirigirse hacia otros países y las oportunidades se pierden.

También necesitamos más exploración para construir una cartera de proyectos que pueda reemplazar en el futuro a operaciones de oro y plata que están avanzadas en su vida útil. A eso se suma la infraestructura que todavía necesita el país y la posibilidad de recuperar trabajadores con experiencia en el sector.

Hay distintas vías a través de las cuales la minería puede aportar al desarrollo y al empleo. Para que eso ocurra, los proyectos tienen que avanzar y las inversiones deben concretarse.

Publicado por: Panorama Minero

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