Guillermo Pensado, presidente de la Cámara Mendocina de Empresas Mineras (CaMEM), advierte que la exploración en Mendoza comienza a reactivarse tras dos décadas sin actividad, pero el desarrollo de proyectos aún se encuentra en una etapa inicial que requiere tiempo, inversión y construcción de confianza.
Por Panorama Minero
El representante del sector mendocino dijo durante un desayuno ejecutivo organizado por su entidad, que Mendoza empieza a reinsertarse en el mapa de la minería metalífera con avances institucionales y un esquema de ordenamiento para la actividad, aunque el punto de partida continúa marcado por una brecha estructural: la falta de exploración sostenida durante los últimos 20 años. En ese contexto, Pensado sintetiza el escenario actual con una definición que condensa potencial y desafío: “estamos trabajando sobre tierra fértil, pero todavía verde”.
La frase no refiere a la geología -donde la provincia presentaría condiciones favorables- sino al nivel de conocimiento disponible. La mayor parte de las áreas con potencial minero permanece en etapas tempranas, con escasa información técnica y sin campañas de perforación sistemáticas que permitan avanzar hacia la definición de recursos.
Exploración: el punto de partida
El diagnóstico dentro de la industria es directo: sin exploración no hay proyectos, y sin proyectos no hay desarrollo.
En ese sentido, Mendoza arrastra un rezago frente a otras jurisdicciones de la región. “No hemos estado explorando en 20 años”, señala Pensado, lo que ubica a la provincia por detrás de distritos consolidados como San Juan o regiones de Chile y Perú, donde existen múltiples iniciativas en etapas avanzadas o próximas a construcción.
Este atraso no solo se refleja en la cantidad de proyectos, sino también en el estadio del pipeline minero: predominan tareas de prospección y exploración inicial, mientras que la perforación -fase clave para validar recursos- sigue siendo limitada. Incluso en áreas priorizadas como Malargüe, la actividad perforatoria se concentra en un sólo proyecto, mientras que el resto avanza en etapas preliminares.
Del potencial a los recursos
El paso de “tierra fértil” a proyectos concretos implica atravesar una secuencia técnica y financiera exigente. La transición desde la prospección hacia la perforación requiere inversiones significativamente mayores y, sobre todo, un nivel de confianza que permita atraer capital de riesgo.
En ese punto, el representante de CaMEM considera que el factor inversor aparece como una variable central. Recordó que hace pocos años, Mendoza no formaba parte del radar de exploración de muchas compañías. Ahora, indicó, que para revertir esa percepción exige tiempo, estabilidad en las reglas de juego y resultados concretos en campo.
El objetivo, según plantea Pensado, no es replicar de manera inmediata el desarrollo de otras provincias, sino acortar los plazos históricos de descubrimiento. Mientras distritos como San Juan consolidaron sus principales proyectos a lo largo de tres décadas, el desafío para Mendoza es acelerar ese proceso dentro de horizontes más acotados, aunque igualmente de largo plazo.
Infraestructura, normativa y escala
Si bien la exploración es el eje, el desarrollo minero también depende de variables estructurales como infraestructura vial, disponibilidad energética, acceso al financiamiento y marcos regulatorios claros.
Sin embargo, para el geólogo, estos factores quedan subordinados a una premisa central: la existencia de proyectos viables. Hoy, el caso más avanzado es PSJ Cobre Mendocino, que funciona como referencia para la provincia, aunque su escala es menor en comparación con los grandes desarrollos cupríferos de la región.
La posibilidad de posicionar a Mendoza dentro del mapa del cobre a nivel internacional dependerá, en última instancia, de la capacidad de descubrir nuevos depósitos de mayor escala, algo que solo puede lograrse mediante una intensificación de la exploración.
Un proceso de largo plazo
La dinámica de la industria impone tiempos extensos. La construcción de información geológica, la validación de recursos y el avance hacia etapas de factibilidad y construcción se desarrollan a lo largo de años, e incluso décadas.
En ese marco, el escenario actual de Mendoza refleja un punto de partida más que una etapa de consolidación. La combinación de potencial geológico, nuevas herramientas de gestión y una incipiente reactivación exploratoria configura un contexto de oportunidad, condicionado por la necesidad de sostener en el tiempo el flujo de inversiones y actividad en terreno.
La definición de Pensado -“tierra fértil, pero todavía verde”- sintetiza el estado actual de la minería mendocina: una base con condiciones favorables, pero aún en proceso de construcción.
