En la previa de Expo EFI 2026, que se realizará el 28 y 29 de abril, el economista analiza un escenario global marcado por precios elevados, tensiones geopolíticas y reconfiguración de cadenas de valor, junto con el proceso de normalización macroeconómica en Argentina y el rol de la minería como uno de los principales vectores para generar divisas, inversión y desarrollo regional.
Por Panorama Minero
Desde el plano global, ¿cuáles son hoy las principales variables que están incidiendo en la situación económica? ¿Cómo definirían el escenario actual?
El contexto global combina tres elementos que hoy resultan determinantes.
Por un lado, se observan precios internacionales elevados en minerales. En 2025 se registraron subas muy significativas: el oro y la plata alcanzaron niveles récord, con incrementos cercanos al 90% y 270% interanual, respectivamente. El cobre creció alrededor de 40% y el litio volvió a ubicarse por encima de los US$20.000 por tonelada. En muchos casos, estos valores se encuentran por encima de sus promedios históricos, lo que mejora la rentabilidad de los proyectos y acelera decisiones de inversión. No obstante, la ventana de precios altos no es permanente, en un contexto global dinámico que exige definiciones en plazos acotados.
En segundo lugar, se configura un escenario de mayor tensión geopolítica, que introduce volatilidad, pero al mismo tiempo redefine los criterios de asignación de capital a nivel global.
En tercer lugar, se consolida un proceso de carácter estructural: la reconfiguración de las cadenas de valor, con estrategias de friendshoring y nearshoring, donde la seguridad de suministro adquiere un peso equivalente al costo. En este marco, se intensifica la competencia por minerales críticos vinculados a la transición energética, lo que mejora el posicionamiento relativo de países con disponibilidad de recursos, como Argentina.
Se trata de un entorno más complejo y exigente, pero con oportunidades concretas para aquellas jurisdicciones que logren combinar recursos naturales con estabilidad y previsibilidad. En el caso de Argentina, hoy tiene recursos, precios internacionales favorables y demanda global. Lo que está en discusión no es la oportunidad, sino la capacidad de transformarla en inversión real.
¿Qué correlato tiene ese contexto en Argentina? ¿Qué régimen económico está intentando construir el país y qué tan consistente lo ven en términos de sostenibilidad?
En ese contexto, Argentina atraviesa un proceso de normalización macroeconómica, condición necesaria para sostener inversiones de largo plazo, particularmente en sectores intensivos en capital como la minería.
El programa económico busca corregir los desequilibrios acumulados, con foco en el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la estabilización del frente financiero. Se observan avances en estas variables, que el mercado considera relevantes como señales iniciales de ordenamiento.
Sin embargo, la sostenibilidad del esquema aún se encuentra en construcción. Se trata de un proceso gradual, expuesto a tensiones, donde la acumulación de reservas y la normalización completa del régimen cambiario continúan entre los principales desafíos. Son variables que condicionan la percepción de riesgo y el ritmo de ingreso de capitales.
El punto central es el cambio de dirección macroeconómica. Argentina busca converger hacia condiciones más alineadas con los estándares internacionales de inversión. La consolidación de este proceso será determinante para que el ingreso de capital externo no solo se reactive, sino que logre sostenerse en el tiempo.
¿Qué señales concretas está mirando hoy el mercado para validar la credibilidad del programa económico?
El mercado está siguiendo tres señales principales: la primera es la acumulación de reservas, que continúa siendo el indicador más directo de solidez externa.
La segunda es la normalización del esquema cambiario, no solo en términos de nivel, sino también de funcionamiento y previsibilidad. La posibilidad de disponer de los retornos de la inversión es un factor crítico. Las compañías internacionales deben validar decisiones en sus directorios, bajo marcos de control cada vez más exigentes, donde la certidumbre cambiaria y la repatriación de utilidades resultan determinantes.
La tercera, con creciente relevancia, es la dinámica de la economía real. Un programa económico requiere consistencia no solo en el plano financiero, sino también en su capacidad de sostener actividad, empleo y condiciones sociales estables. Cuando esa consistencia no se logra, emergen tensiones que terminan condicionando la estabilidad del esquema, aun en contextos donde la macroeconomía muestra mejoras iniciales.
¿Ven riesgos de atraso cambiario o hay fundamentos distintos respecto a experiencias anteriores?
Los datos comienzan a mostrar signos de apreciación cambiaria, en un contexto donde la inflación avanza por encima del tipo de cambio.
Esto responde a las tensiones propias del proceso actual. Argentina busca avanzar de manera simultánea en desinflación, recuperación de la actividad y acumulación de reservas, lo que en INVECQ denominamos el “trilema de la economía”. Se trata de un equilibrio complejo, donde el progreso en uno de estos objetivos puede implicar desajustes en los otros.
Un rasgo distintivo de esta etapa es la recuperación de la actividad sin una acumulación significativa de reservas ni una mejora clara en el empleo, lo que marca diferencias respecto de otros ciclos.
En términos generales, se registra un avance respecto de la situación previa, aunque el cambio de régimen económico aún no se encuentra consolidado. El desafío hacia adelante será gestionar estas tensiones y corregir desequilibrios sin comprometer los avances alcanzados.
¿El RIGI alcanza como señal para destrabar decisiones de inversión o todavía ven dudas relevantes en el frente macro?
El RIGI constituye una herramienta de alto impacto, diseñada para abordar un problema estructural de la economía argentina: la falta de previsibilidad de largo plazo. En ese sentido, ya generó una respuesta concreta por parte del sector privado, con un volumen significativo de proyectos presentados y en evaluación.
El punto siguiente es la materialización de esas iniciativas en inversiones efectivas. En minería, este proceso requiere plazos extendidos. En litio, los desarrollos pueden avanzar con mayor rapidez, mientras que en cobre, oro y plata los tiempos son más largos y exigen condiciones de estabilidad más consistentes.
En este marco, el RIGI funciona como facilitador del proceso inversor, pero su efectividad está condicionada por la consolidación del entorno macroeconómico y por la capacidad de las empresas de acceder a financiamiento. El desafío central es transformar el pipeline de proyectos en ejecución concreta.
¿Cómo ubican a la minería en este contexto? ¿Qué impacto concreto puede tener en la economía argentina?
La minería presenta un impacto potencial simultáneo sobre la macroeconomía y el desarrollo regional, una combinación poco frecuente entre los sectores productivos.
Desde el plano macro, Argentina enfrenta la necesidad de generar divisas y atraer inversión de largo plazo, y la minería reúne ambas condiciones. En 2025, las exportaciones del sector superaron los US$6.000 millones, con un crecimiento cercano al 30% interanual y niveles récord. Sin embargo, este desempeño aún se ubica por debajo del potencial estructural. Las proyecciones indican que, hacia 2030, las exportaciones podrían alcanzar los US$25.000 millones anuales en un escenario conservador.
En ese marco, la minería no se limita a una oportunidad sectorial, sino que se configura como un vector relevante dentro de la estrategia macroeconómica del país.

Ese potencial se refleja también en la estructura del sector. Argentina cuenta con más de 300 proyectos mineros, de los cuales solo 27 se encuentran en producción y alrededor de 23 en etapas avanzadas, lo que evidencia la brecha entre recursos disponibles y desarrollo efectivo.
A nivel regional, esa diferencia es aún más clara. Países como Chile y Perú han consolidado el desarrollo de sus recursos y su posicionamiento como exportadores globales de minerales. Argentina comparte la misma cordillera con Chile, pero presenta niveles de exportación significativamente menores, lo que configura una brecha concreta y una oportunidad de convergencia.

Desde una perspectiva territorial, el impacto es particularmente relevante en el interior del país. La minería genera empleo formal, impulsa proveedores locales y promueve infraestructura en regiones con limitada diversificación productiva, un proceso que ya comienza a observarse en zonas como la Puna.
En la actualidad, Argentina reúne una combinación favorable de factores: disponibilidad de recursos, demanda global sostenida y una posición geopolítica relativamente estable.
La materialización de este escenario, sin embargo, no es automática. Requiere consistencia macroeconómica, coordinación entre niveles de gobierno y desarrollo de capacidades locales en las provincias, condiciones necesarias para cerrar la brecha entre proyectos y producción efectiva.
Pensando en Expo EFI y lo analizado previamente, ¿qué ejes va a tener esta edición y cuál es la propuesta de valor en el contexto actual?
Expo EFI se propone reflejar el momento actual de la economía argentina, caracterizado por una transición hacia la normalización macroeconómica y la reactivación, con sectores productivos en condiciones de liderar una nueva etapa.
En ese marco, desde INVECQ se ha profundizado el trabajo en minería, y esta edición lo va a evidenciar con claridad. El evento contará con la participación de compañías de escala global, como Rio Tinto y BHP, a través de Vicuña, junto con empresas de distintos segmentos del sector, entre ellas AbraSilver, Eramine, Aldebaran y Cantesud. A esto se suma la presencia de actores de toda la cadena de valor, incluyendo proveedores, asesores y empresas provinciales.
Un eje especialmente relevante será la incorporación, por primera vez, de un panel con ministros y secretarios de Minería de las provincias. Si bien ya existe un trabajo articulado con estas jurisdicciones, el objetivo es integrar su mirada en un ámbito económico de alcance masivo. Esto responde a la estructura del sector, donde las provincias cumplen un rol central como titulares de los recursos y autoridades de aplicación.
El espacio busca facilitar un diálogo directo entre el sector público provincial, el sector privado y la comunidad económica, en torno a prioridades, condiciones de desarrollo y estrategias de crecimiento.
En ese sentido, la propuesta de valor de Expo EFI radica en vincular la agenda macroeconómica con los sectores productivos con capacidad de traccionar la economía real. Dentro de ese esquema, la minería ocupa hoy un lugar central.
Expo EFI 2026: agenda y participación
En línea con los ejes abordados, Expo EFI 2026 incluirá un espacio específico dedicado a la industria minera.
Accedé al programa completo y actualizado en: https://expoefi.com/agenda2026/
Información y contacto
Para más información sobre el evento y sus contenidos:
INVECQ
info@invecq.com
