El sector del litio transita una etapa de recomposición marcada por ajustes en la oferta, cambios en la demanda y presiones sobre los costos operativos, en un contexto de mayor volatilidad de precios y redefinición del equilibrio global.
En diálogo con Panorama Minero, Pedro Consoli, LATAM Metals Market Reporter en Argus, analizó los factores que explican la dinámica del mercado, mientras que profundizó en el reciente lanzamiento de un precio FOB Argentina para carbonato de litio grado batería 99,5%, el primero de su tipo en América Latina dentro de su sistema de referencias.
Por Panorama Minero
¿Cuáles son las variables que están influyendo en la actualidad del mercado del litio y cómo observa Argus el nuevo escenario que transita el sector? ¿Cómo creen que se posiciona Argentina y la región en este contexto?
En la actualidad, tres factores principales están configurando el mercado del litio: interrupciones en la oferta, tensiones geopolíticas en Oriente Medio y el crecimiento acelerado de los sistemas de almacenamiento de energía (ESS), que utilizan baterías de ion-litio para almacenar energía renovable.
La demanda de ESS se consolidó como un componente relevante en 2025 y, hacia finales del año, pasó a constituir uno de los principales motores del consumo de litio. Un crecimiento superior al previsto en este segmento impulsó los precios del carbonato de litio hasta su nivel más alto en 16 meses en noviembre, una tendencia que se mantiene en un contexto donde la expansión de los ESS supera a la de los vehículos eléctricos.
Los precios volvieron a subir en febrero tras la prohibición de exportaciones de litio en Zimbabue, medida que retiró del mercado cerca de 140.000 toneladas métricas de carbonato de litio equivalente. Esta decisión alteró las cadenas de suministro, en particular para productores chinos que dependen del espodumeno africano para la producción de carbonato e hidróxido de litio.
En paralelo, el mercado también refleja el impacto del conflicto entre Estados Unidos/Israel e Irán. Más allá de la incertidumbre general, el escenario ha afectado rutas marítimas clave y ralentizado actividades en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, relevantes compradores de sistemas ESS chinos. También ha impactado en el suministro de ácido sulfúrico, insumo clave para la conversión de espodumeno.
Aun así, el ajuste de oferta asociado a Zimbabue presenta un impacto más estructural que las disrupciones geopolíticas.
En este contexto, Argentina aparece con capacidad de capturar parte del faltante de oferta, especialmente para fabricantes chinos que requieren nuevas fuentes de materia prima. A esto se suma una característica diferencial: la producción a partir de salmuera, que depende en menor medida del ácido sulfúrico en comparación con los proyectos de roca dura.
No obstante, el incremento en los costos de combustibles y las tarifas de flete marítimo introduce presión sobre los márgenes, aun en un escenario de precios más elevados.
Una dinámica similar se observa en otros productores de la región. Chile mantiene su posicionamiento en salmuera, mientras que Brasil, al no procesar espodumeno, queda menos expuesto a la disrupción en el suministro de ácido sulfúrico.
En conjunto, los productores latinoamericanos cuentan con capacidad disponible para abastecer el mercado en 2026, con volúmenes no comprometidos que pueden contribuir a reducir el déficit de oferta.
De todos modos, el mercado del litio se mantiene expuesto a volatilidad mientras persistan las tensiones en Oriente Medio. Desde Argus, se proyecta un escenario de precios fluctuantes a lo largo del año, con niveles que tenderían a ubicarse más cerca de los actuales que de los mínimos registrados en 2025.
El precio del carbonato de litio en China se triplicó frente a los mínimos históricos de 2025. ¿Hay fundamentos estructurales detrás de esa recuperación? ¿Cómo analizan esta situación?
Sí, los fundamentos que explican el incremento son sólidos.
El mercado del litio ha mostrado históricamente una alta sensibilidad a las variaciones de oferta y demanda, y el escenario actual no constituye una excepción. Tras el mínimo histórico registrado en junio de 2025, los precios comenzaron a repuntar con mayor intensidad a inicios de agosto, cuando el gobierno chino ordenó a CATL, el mayor fabricante de baterías a nivel mundial, cerrar su mina principal Jianxiawo, retirando de manera abrupta 46.000 toneladas métricas anuales de equivalente de carbonato de litio del mercado.
Este choque de oferta desestabilizó el mercado, que un mes más tarde, en septiembre, ingresó en su temporada tradicional de mayor demanda. Para noviembre, los sistemas de almacenamiento de energía (ESS) ya se habían consolidado como un pilar de la demanda, lo que reforzó la trayectoria alcista de los precios y consolidó un mayor dinamismo comprador.
Los ESS continuaron como principal motor en enero y febrero. Posteriormente, Zimbabue impuso una prohibición a las exportaciones de litio que, junto con nuevos retrasos en la reanudación de las operaciones de Jianxiawo, volvió a presionar los precios al alza.
El conflicto entre Estados Unidos/Israel e Irán introduce ahora presión sobre los precios, moderando parcialmente las subas en un contexto de mayor incertidumbre en los mercados de materias primas. No obstante, el incremento en los precios de los compuestos de litio responde también a condiciones del mercado físico, y no exclusivamente a factores especulativos.
El mercado global estuvo dominado durante 2023 y 2024 por un exceso de oferta desde China, que llevó los precios por debajo del costo de producción de la mayoría de los operadores. ¿Ese ciclo se está cerrando? ¿Qué indica la curva de costos global sobre la viabilidad de los productores a los niveles actuales?
Considero que la tesis de un “superávit puro” en 2023-2024 está perdiendo fuerza, al menos en el corto plazo. La prohibición de exportaciones de litio en Zimbabue retiró por sí sola aproximadamente 140.000 toneladas anuales de equivalente de carbonato de litio de la oferta mundial, lo que compensa gran parte del excedente en el corto plazo.
No obstante, a medida que distintos proyectos incrementen su producción en Sudamérica, Australia y China, estos reemplazarán parcialmente la ausencia de Zimbabue. En ese escenario, la oferta tendería a alinearse con la demanda mientras el país africano permanezca fuera del mercado, aunque no se prevé una escasez en el corto plazo.
Los precios actuales resultan favorables para los productores de litio, pero más exigentes para los fabricantes de baterías. A estos niveles, los productores de menor costo continúan siendo viables, en particular aquellos que mantuvieron rentabilidad durante el mínimo de precios de 2025. En este contexto, los productores sudamericanos se mantienen competitivos, ubicándose en la parte media-baja de la curva de costos.
Sin embargo, el nivel actual de precios comienza a ejercer presión sobre los márgenes de las plantas de procesamiento de litio y de los fabricantes de materiales para cátodos.
El litio se ha encarecido más rápido que los cátodos y las celdas de batería, lo que reduce los márgenes de las plantas de conversión y de los fabricantes de cátodos. Al mismo tiempo, las plantas de procesamiento enfrentan mayores costos de insumos, como azufre y ácido sulfúrico.
En enero, varios productores chinos de cátodos dejaron inactiva parte de su capacidad para proteger sus márgenes.
A nivel local, la Secretaría de Minería proyecta una producción de litio de unas 418.000 toneladas para 2030 y más de 650.000 para 2035, lo que llevaría al país a desafiar el liderazgo de Chile. ¿Esos números son consistentes con la visión de Argus o identifican cuellos de botella que podrían influir en su cumplimiento?
Las proyecciones de Argentina son ambiciosas y se ubican en la parte alta del rango de estimaciones de la industria, aunque el país cuenta con potencial para convertirse en uno de los tres mayores productores de litio del mundo en el corto a mediano plazo.
Los principales cuellos de botella identificados son la logística y la infraestructura. El abastecimiento de insumos hacia las operaciones y el transporte del litio hasta los puertos implican costos elevados, que ubican a Argentina por encima de Chile en términos de costos operativos.
Los productores pueden pagar hasta US$300 por tonelada para transportar sales de litio desde la planta hasta el puerto, en proyectos que se encuentran a distancias de hasta 1.800 km.
A esto se suma la localización de varios proyectos en zonas remotas, con limitaciones en disponibilidad de electricidad y agua. En algunos casos, las propias compañías deben desarrollar la infraestructura, lo que incrementa los costos de inversión y operación.
En este contexto, algunos proyectos en operación y en cartera podrían enfrentar dificultades si los precios retroceden a los niveles de 2025.
Una proporción creciente de los desarrollos futuros incorpora tecnologías de extracción directa de litio (DLE) o esquemas híbridos DLE-evaporación. Si bien se trata de tecnologías aún en proceso de escalamiento, no se identifican como un obstáculo determinante en el corto plazo.
El frente político y financiero dejó de ser un limitante estructural, aunque persisten interrogantes sobre la estabilidad jurídica en el largo plazo. Aun así, el actual contexto político aparece como un factor de impulso para el sector.
Los precios del litio continúan siendo una variable central para la viabilidad de los proyectos. Con los niveles actuales, el financiamiento y desarrollo resultan más accesibles. Sin embargo, en un escenario de precios más bajos, los proyectos argentinos enfrentan mayores desafíos por su estructura de costos.
Como referencia, Rio Tinto proyecta más que triplicar su producción de litio hacia 2028, mientras que Posco postergó en aproximadamente seis meses la finalización de sus proyectos en Argentina, tras una recuperación de precios más lenta de lo esperado en 2025.
En términos de producción, Argentina podría acercarse a los niveles de Chile hacia 2030. No obstante, hacia los años posteriores, la entrada en operación de nuevos activos en el país trasandino y ampliaciones de capacidad previstas podrían volver a ampliar la brecha entre ambos países.
¿En qué difiere estructuralmente el mercado argentino frente a otros de la región y qué implicancias tiene eso en la formación de precios?
Cada mercado presenta características propias. En el caso de Argentina, la composición de las salmueras difiere respecto de Chile y Bolivia, mientras que Brasil produce litio a partir de roca dura, con un perfil de producto distinto.
Argentina concentra la mayor cantidad de proyectos activos en Sudamérica y una mayor diversidad de operadores, lo que se traduce en una oferta más heterogénea. Cada productor obtiene distintos grados de producto, con variaciones en niveles de pureza e impurezas, aunque la mayoría de los proyectos de carbonato de litio operan o apuntan a grado batería.
Este punto incide directamente en la formación de precios, ya que cada calidad se comercializa con descuentos o primas específicas. A su vez, el país produce distintos compuestos, principalmente carbonato e hidróxido de litio, cada uno con referencias de precio propias.
En términos comerciales, China se mantiene como principal destino de exportación, por lo que los precios del litio argentino tienden a alinearse con los índices de referencia de ese mercado.
Más allá de las diferencias geológicas, la logística constituye otro factor estructural. Mientras que en Chile los proyectos se ubican relativamente cerca de los puertos, en Argentina pueden encontrarse a distancias de hasta 1.800 km, en un contexto de infraestructura vial más limitada. Esto impacta en los costos y, en consecuencia, en la competitividad del producto.
En el plano regulatorio, Chile mantiene un esquema más restrictivo y con mayores tiempos de aprobación, mientras que Argentina encuadra al litio dentro del régimen general de la actividad minera. Si bien esta diferencia no incide de forma directa en la formación de precios, sí condiciona los tiempos de desarrollo y la dinámica de oferta en el mediano plazo.
Argus lanzó el índice FOB Argentina para carbonato de litio grado batería 99,5%, el primero para un producto de litio en América Latina dentro de su portfolio de índices. ¿Por qué ahora? ¿Qué umbral de volumen o madurez de mercado se alcanzó para que esto fuera posible?
El litio es un mercado que evoluciona con gran rapidez, con Argentina entre los que más dinámicamente se desarrollan en la región, por lo que se trata de un país sobre el que buscamos aportar mayor visibilidad y donde identificamos oportunidades.
Para cualquier lanzamiento de precios en Argus deben evaluarse diversos factores antes de avanzar. Estos incluyen la viabilidad de las referencias de precios conforme a los principios de la IOSCO para agencias de reporte, el nivel de disponibilidad de información, la utilidad de dichas referencias y el grado de interés por parte del mercado.
Dado que Argentina aún se encuentra en una etapa de desarrollo de su comercio spot de litio, la evaluación requirió un enfoque más flexible, incorporando como referencia el mercado chino, que presenta mayor liquidez. Esta metodología será monitoreada en función de la evolución del mercado.
En última instancia, fueron los propios participantes locales y actores vinculados quienes impulsaron el lanzamiento. A partir de esa demanda y tras un análisis de los desafíos, se avanzó con el desarrollo del índice.
El litio argentino no es un producto homogéneo, y existen diferencias de especificación entre proyectos que se traducen en diferenciales de precio. ¿Cómo contempla el índice esa diversidad? ¿Un único valor "grado batería 99,5%" captura la realidad del producto argentino?
Argentina sí cuenta con varios grados de producto, aunque la mayoría de los productores de carbonato se ajustan a especificaciones similares. Casi todas las commodities negociables no son homogéneas y están sujetas a especificaciones industriales que permiten un rango de calidades aceptables.
En este contexto, Argus evalúa los precios considerando tolerancias definidas y rangos alto/bajo. Las operaciones, ofertas y demás información de mercado son sometidas a procesos de verificación que pueden implicar la normalización de los datos o su exclusión de la evaluación final.
Restringir la muestra únicamente a un tipo de producto o a un solo productor introduciría riesgos de distorsión y reduciría la liquidez necesaria para construir una referencia confiable. También podría comprometer la confidencialidad de las fuentes, afectando la continuidad del flujo de información.
Por este motivo, Argus trabaja con el mercado en la definición de metodologías que se revisan y actualizan en el tiempo, y recomienda que los contratos incorporen condiciones específicas que reflejen las características del producto o las necesidades de cada operación, dentro de acuerdos vigentes o en función de cambios en la dinámica del mercado.



