Luego de las intensas precipitaciones registradas en San Rafael durante las últimas horas, el Gobierno de Mendoza y el Departamento General de Irrigación (DGI) salieron a desmentir versiones sobre un supuesto incidente en el complejo Sierra Pintada, confirmando que no se produjeron desbordes ni afectaciones sobre los sistemas de contención del yacimiento, actualmente en proceso de remediación.
Por Panorama Minero
Desde Irrigación informaron que no se registraron desbordes en ninguno de los reservorios del Complejo Minero Fabril San Rafael de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), ni alteraciones en la calidad del agua del río Diamante, aun tras los eventos de lluvia concentrados en la zona del arroyo El Tigre.
El organismo hídrico detalló además que, dos días antes de las tormentas, personal técnico había realizado una inspección de rutina en el predio, constatando que los niveles de los distintos reservorios se encontraban muy por debajo de sus capacidades máximas, otorgando amplios márgenes de seguridad frente a precipitaciones extraordinarias. Tras los episodios pluviales, todas las estructuras -incluidas canteras y diques de evaporación y contención- permanecieron íntegras, operativas y con capacidad plena de retención, sin liberación de líquidos ni pérdida de control en su funcionamiento.
En paralelo, y como parte de los protocolos habituales que se activan ante crecidas del arroyo El Tigre, Irrigación tomó muestras de agua de manera preventiva. Según el comunicado oficial, estos controles forman parte del esquema histórico de monitoreo del área y, en todos los antecedentes registrados hasta el momento, los análisis nunca arrojaron valores anormales ni resultados que generen preocupación. En ese marco, el DGI llevó tranquilidad a la población al confirmar que el agua del río Diamante no sufrió alteraciones como consecuencia de las lluvias recientes y que los sistemas de control continúan funcionando con normalidad.
Desde el Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza, en tanto, se informó que se realizaron inspecciones presenciales en el complejo, verificando bajos niveles de agua en los reservorios y el correcto desempeño de las obras de contención. Como medida preventiva adicional, se ejecutaron maniobras para disminuir los niveles de la denominada Represa II —infraestructura interna destinada a contener escorrentías pluviales del propio predio— ante la posibilidad de nuevas tormentas. A su vez, se dispuso una guardia de contingencia para reforzar las inspecciones de control frente a eventos hidrometeorológicos extraordinarios, con monitoreo permanente de la situación.
Un sitio en remediación activa
Las aclaraciones oficiales se producen en un contexto particular: Sierra Pintada es uno de los pasivos ambientales más relevantes de la minería argentina. El complejo fue el último gran yacimiento de uranio en operación del país, con una producción cercana a 1.600 toneladas entre 1975 y 1997 destinadas al parque nuclear nacional.
Actualmente, el sitio atraviesa un proceso de remediación industrial de gran escala ejecutado por la CNEA. El núcleo del programa contempla el tratamiento individualizado de alrededor de 5.200 tambores de 200 litros con residuos sólidos de uranio, en un esquema “tambor por tambor” que prioriza la seguridad radiológica, la estabilidad química y el confinamiento definitivo de los materiales. El uranio residual se recupera mediante resinas de intercambio iónico y los sólidos restantes se neutralizan con cal, sin utilizar lixiviación ácida ni ácido sulfúrico, buscando asegurar la estabilidad geoquímica de largo plazo.
En paralelo, otro frente central del proyecto es el tratamiento del agua de cantera acumulada en antiguas excavaciones. Ese flujo hídrico es procesado en varias etapas para recuperar uranio y gestionar elementos asociados como radio y arsénico, tras lo cual el agua es reutilizada dentro del predio bajo condiciones controladas, sin descargas externas. Todo el material resultante converge en un dique de disposición final diseñado con múltiples barreras de protección, geomembranas y sistemas de drenaje, concebido como pieza central de la ingeniería de remediación.
En términos de avance, la remediación se encuentra hoy en una etapa operativa inicial–intermedia. El proyecto ya superó la fase administrativa y ambiental -con Declaración de Impacto Ambiental otorgada y esquemas de auditoría definidos- y avanza con obras prioritarias, puesta a punto de plantas y sistemas y el inicio efectivo del tratamiento de pasivos, aunque todavía no alcanzó un régimen pleno y sostenido de procesamiento masivo. El progreso es gradual, validado etapa por etapa y con monitoreos permanentes, una dinámica habitual en proyectos de remediación nuclear de esta complejidad.
Desde el punto de vista institucional, el proceso marca un punto de inflexión: Sierra Pintada pasó de ser un pasivo pendiente a un sistema activo de remediación bajo estándares técnicos actuales. A la vez, establece un piso regulatorio y ambiental para cualquier discusión futura sobre uranio en Mendoza, en un escenario donde la energía nuclear vuelve a ganar protagonismo y la provincia concentra una parte sustancial de los recursos uraníferos identificados del país.


























