Proveer a la minería en la Puna: Luis Vacazur y el desafío de consolidar empresas locales

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Proveer a la minería en la Puna: Luis Vacazur y el desafío de consolidar empresas locales
Luis Vacazur: “El desafío es que la inversión minera genere actividad para empresas argentinas”
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Uno de los impulsores de CAPROSEMITP analiza cómo cambió la participación de las empresas de la Puna con la expansión de la minería y advierte sobre una nueva etapa para el sector: mayores estándares, costos internos y la necesidad de competir por contratos frente a proveedores de otras regiones y del exterior.

Por Panorama Minero

La expansión minera en el norte argentino abrió un mercado para empresas locales que hace poco más de una década tenían una participación limitada en la cadena de valor. Para Luis Vacazur, empresario y uno de los impulsores de la Cámara de Proveedores de Servicios Mineros y Turísticos de la Puna Argentina (CAPROSEMITP), aquella discusión inicial sobre cómo incorporarse a la actividad dio paso a otra: cómo sostener y ampliar esa participación en una industria cada vez más exigente.

CAPROSEMITP fue constituida formalmente en 2015 en San Antonio de los Cobres, cuando el avance de los proyectos mineros comenzaba a ampliar la demanda de servicios en la Puna salteña. Actualmente reúne a más de 60 empresas, mientras que GVH, la compañía desarrollada por Vacazur, emplea a alrededor de 100 personas.

En diálogo con Panorama Minero, Vacazur reconstruyó ese proceso desde una región que durante los años noventa tenía una oferta laboral limitada y una fuerte migración hacia los grandes centros urbanos. Pero su análisis también se detiene en el escenario actual: la existencia de inversiones mineras no garantiza por sí misma la participación de empresas locales, que deben cumplir estándares técnicos y competir en un contexto atravesado por costos, impuestos y mayores requerimientos de capital.

Cuando comenzaron a organizarse, la discusión no era cuánto podía contratar la minería localmente, sino si las empresas de la Puna tenían las capacidades necesarias para ingresar a esa cadena. ¿Cómo se produjo ese primer cambio?

Nosotros vimos cómo trabajan Chile, Australia, Canadá y otros países que producen minerales y dijimos: “¿Por qué nosotros no?”.

En aquellos años no teníamos capacidad técnica para prestar servicios mineros. Veíamos pasar los vehículos de las compañías y entendimos que teníamos que buscar las herramientas para desarrollarnos.

Así armamos CAPROSEMITP, que se creó oficialmente en 2015 en San Antonio de los Cobres. En ese momento había que generar capacidades para poder incorporarnos a una actividad que estaba creciendo.

Una década después, el escenario es distinto: hay más proyectos, más inversión y también más empresas que quieren venderle a la minería. ¿La oportunidad de mercado se traduce necesariamente en oportunidades para los proveedores locales?

Hay una realidad: todos queremos ser proveedores mineros. En los medios se anuncian muchos millones de dólares y todos quieren participar, pero no todos pueden.

La minería tiene requerimientos técnicos y estándares que hay que cumplir. Nosotros partimos de una situación en la que no teníamos esas capacidades y tuvimos que desarrollarlas.

Hoy hay proveedores que pudieron crecer y otros que no. La oportunidad existe, pero para aprovecharla hay que prepararse.

CAPROSEMITP reúne hoy a más de 60 empresas y GVH emplea a alrededor de 100 personas. ¿Qué capacidades hubo que construir para pasar de pequeños emprendimientos locales a empresas en condiciones de prestar servicios a operaciones mineras?

Fue un trabajo institucional. Entendimos que necesitábamos herramientas para generar puestos de trabajo, educación y servicios relacionados con lo que demandaba la minería.

Eso llevó también a trabajar sobre otras cuestiones, como la Ley 8164 en Salta y la llegada de bancos a los pueblos. La idea era que las localidades cercanas a los proyectos pudieran participar de la actividad económica que se estaba generando.

Hoy ya no pertenezco a la comisión de la Cámara. Dejamos lugar para que otras personas continúen ese trabajo, pero los objetivos se mantienen.

El crecimiento de la minería también elevó los requisitos de ingreso para sus contratistas. ¿Qué cambió en términos de profesionalización, tecnología y estándares para un proveedor que quiere trabajar hoy con una compañía minera?

La minería cambió mucho. Antes había actividades con una utilización mucho mayor de trabajo físico. Hoy tenemos otra incorporación de tecnología, mayores controles y estándares de seguridad, salud y medio ambiente.

También cambió la participación de las mujeres y aparecieron nuevas herramientas, incluida la inteligencia artificial. Todo eso obliga a los proveedores a capacitarse y adaptarse.

Con la llegada del litio buscamos programas de desarrollo y capacitación justamente para poder responder a esas nuevas exigencias.

Existe una expectativa importante alrededor de cuánto pueden derramar las inversiones mineras sobre las economías regionales. Desde la experiencia de un proveedor, ¿dónde está la diferencia entre querer participar de ese mercado y estar realmente en condiciones de hacerlo?

Esto no es fácil. Es seriedad, compromiso y disciplina, porque hay estándares que cumplir.

Todos quieren, no todos pueden. La vara de la minería es muy alta y muy profesional. Cualquier desarrollo lleva tiempo y hay que aprender lo necesario para poder llegar al objetivo.

Yo puedo contar cómo trabajamos nosotros, los errores que cometimos y las cosas que hicimos bien. Pero cada empresa tiene que construir sus propias capacidades.

Al mismo tiempo que se reclama una mayor participación de proveedores nacionales, las compañías necesitan costos competitivos y servicios que cumplan estándares internacionales. ¿Dónde encontrás hoy las principales desventajas para una empresa argentina que tiene que competir por esos contratos?

Necesitamos inversiones y reglas, pero también tenemos que discutir las condiciones en las que compite el proveedor argentino.

Las cargas impositivas y el costo de comprar equipos y productos, muchas veces más caros que en otros países, hacen difícil competir. Esa es una de nuestras mayores preocupaciones.

Tenemos espacios de diálogo para discutir estos temas y trabajar para que siga habiendo proveedores argentinos y que no sea todo importado.

Salta incorporó en su legislación la prioridad para la contratación de mano de obra y proveedores locales. ¿Hasta dónde puede llegar una política de compre local y qué parte depende necesariamente de la competitividad de las propias empresas?

Nosotros siempre tuvimos el diálogo como premisa. Durante los años que estuve como presidente y después como vicepresidente de la Cámara nunca cortamos una ruta.

Siempre resalto que si vos me estás trayendo divisas a mi pueblo, traés oportunidades de trabajo y servicios, ¿cómo te voy a cortar la ruta?

En Salta, a través de la Ley 8164, existe una prioridad para la contratación de mano de obra y servicios locales, particularmente en las localidades cercanas a los proyectos.

Hay empresas que no pudieron desarrollarse y otras que sí crecieron. Salta comenzó a producir litio después que Jujuy o Catamarca, pero durante estos años se desarrolló una cantidad importante de proveedores alrededor de la actividad.

La Puna de la que hablás en los años noventa tenía pocas alternativas laborales y una parte de su población migraba hacia otros centros urbanos. Más allá del empleo directo de las minas, ¿qué cambios concretos observás hoy en la economía de esas localidades?

En los años noventa había muy pocas oportunidades de trabajo. Había cría de cabras y llamas, algo de turismo, y mucha gente migraba hacia grandes ciudades.

Hoy hay otra actividad económica y oportunidades vinculadas a la minería. También llegaron servicios e instituciones que antes no estaban.

No digo que todo esté resuelto, pero existe una posibilidad de desarrollo que antes no teníamos.

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La discusión ya no parece ser solamente cómo crear proveedores, sino cómo lograr que sobrevivan y ganen escala. Con una economía volátil y proyectos que demandan cada vez más capacidad financiera y técnica, ¿qué condiciones van a definir quiénes pueden sostenerse en los próximos años?

Argentina es muy volátil en materia económica y los proveedores también atravesamos crisis. Hay que entender los cambios y adaptarse.

El desafío es que las inversiones que lleguen puedan generar actividad para empresas argentinas y que esas empresas tengan condiciones para competir.

Después de una década de desarrollo de proveedores en la Puna, ¿qué aprendizaje considerás que debería tener en cuenta una nueva generación de empresarios que hoy ve en la minería una oportunidad?

Que no rompan procesos. Hay muchas expectativas y muchas veces se quiere llegar rápido, pero cualquier desarrollo lleva tiempo.

Hay que capacitarse, entender los estándares y construir una empresa que pueda responder a lo que exige la industria. El límite y el techo nos los ponemos nosotros mismos.

Publicado por: Panorama Minero

Categoría: Noticias

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